La actriz de “Roma” y “Kokoloko” habla sobre “El Ritual del Nahual”, la fuerza del cine inspirado en leyendas mexicanas y la necesidad de reconectar con nuestras raíces culturales

Por: Rodrigo Pujol
El terror mexicano atraviesa uno de sus momentos más interesantes en años. Después de décadas dominadas por fórmulas extranjeras y referencias importadas, una nueva generación de cineastas y actores ha comenzado a mirar hacia las leyendas, los idiomas originarios y las tradiciones locales para construir historias profundamente conectadas con la identidad cultural del país.
Dentro de ese movimiento aparece El Ritual del Nahual, cinta dirigida por Carlos Matienzo Serment que ya se encuentra en salas mexicanas por Cinemex Distribución en más de 500 pantallas.
La película, ambientada en San Luis Potosí y hablada en español y tének, toma como eje central la figura ancestral del nahual para construir un relato de folk horror que mezcla justicia, espiritualidad y violencia simbólica.

Uno de los rostros principales del proyecto es Alejandra Herrera, actriz egresada de la UNAM que ha construido una trayectoria cada vez más sólida dentro del cine de autor nacional e internacional. Su trabajo incluye colaboraciones con Alfonso Cuarón, Gerardo Naranjo y Edgar Nito, además de películas como Roma, Kokoloko y Un cuento de pescadores.
En El Ritual del Nahual, Herrera interpreta a Isabel, una curandera envuelta en misterio que habita una comunidad marcada por el miedo y la presencia de una criatura ancestral. Pero más allá del personaje, la actriz confiesa que la conexión con el proyecto fue inmediata y profundamente emocional.
“Desde la página dos dije: ‘este es el cuento que me contaba mi abuelita’”, recuerda durante la entrevista. “Empecé a visualizar todo y pensé: tengo que hacer esto sí o sí”.
Para Herrera, el proyecto representa mucho más que una película de terror. Habla de una reconexión cultural que, según considera, comenzó a fortalecerse después del impacto global de Coco y del creciente interés internacional por las narrativas mexicanas.
“Creo que hubo una conciencia de quiénes somos ante el mundo. Dejamos de ver hacia afuera para empezar a mirar hacia adentro”, afirma. “Empezamos a encontrarnos con nuestras historias, nuestros colores, nuestras lenguas y nuestras caras”.

La actriz señala que durante muchos años este tipo de historias permanecían confinadas al circuito de festivales o salas alternativas, lejos del público masivo.“Historias de nosotros siempre se han contado, pero estaban en la periferia: la Cineteca, festivales, cine de arte. Ahora quiero que mi vecino, mi primo o mi tía que ve novelas también puedan ver cine mexicano de calidad en todas las salas”, sostiene.
La construcción de Isabel también implicó un proceso poco convencional. Más que crear un personaje desde cero, Herrera explica que tuvo que “deconstruirse” para entender una personalidad profundamente ligada a la naturaleza y al silencio.“Fue quitarme capas para entender cómo vive una persona casi fundida con la naturaleza”, explica. “Era aprender a habitar el silencio y reaccionar únicamente al presente”.
La actriz preparó el papel explorando distintas disciplinas corporales y espirituales, desde danza tradicional coreana hasta teatro butoh y técnicas orientales vinculadas con la conexión física y energética.“Me preparé con danza coreana, teatro nogaku, butoh… culturas milenarias que todavía conservan una relación muy fuerte con la naturaleza”, comenta.
Esa relación espiritual también aparece reflejada en el universo narrativo de la película, donde el nahual deja de ser únicamente una criatura monstruosa para convertirse en símbolo de transformación cultural.
Herrera reflexiona sobre cómo, antes de la colonización, los nahuales eran vistos como protectores y guías espirituales, mientras que posteriormente fueron asociados con el miedo y la brujería.“Todo lo que no se puede explicar se vuelve ‘lo malo’”, dice. “Y es curioso porque ahora nosotros, como citadinos, llegamos a la naturaleza y sentimos miedo del silencio o de lo desconocido”.
Uno de los elementos más importantes para la actriz fue trabajar directamente con las comunidades locales y con hablantes de tének durante el rodaje en San Luis Potosí.La producción contó con asesoría lingüística y participación de habitantes reales de la región, algo que Herrera considera esencial para mantener autenticidad dentro del proyecto.
“Las lenguas indígenas podrían desaparecer muy pronto y eso también es responsabilidad nuestra”, advierte. “Está bien aprender otros idiomas, pero también debemos preguntarnos qué estamos haciendo para conservar lo que nos pertenece”.La actriz reconoce que uno de los mayores aprendizajes de proyectos como Un cuento de pescadores o El Ritual del Nahual ha sido convivir con personas fuera de la industria cinematográfica tradicional.
“Nosotros aprendemos muchísimo de ellos. Tienen otra manera de caminar, de hablar, de entender el tiempo y las emociones. El cine fuera de la industria es de las cosas más maravillosas que existen”, afirma.
El momento profesional de Alejandra Herrera también refleja la creciente internacionalización del cine mexicano independiente. Además de El Ritual del Nahual, recientemente estrenó la cuarta temporada de La Lotería del Crimen y participó en la película polaca Capo, proyecto que le valió una nominación como Mejor Actriz de Reparto en uno de los festivales más importantes de Polonia.
Mientras tanto, El Ritual del Nahual se prepara para llegar a salas como una de las apuestas más ambiciosas del terror mexicano reciente, respaldada por un recorrido internacional que incluyó funciones en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam y el Blood Window Showcase de Cannes.
Para Alejandra Herrera, el verdadero valor de la película no está únicamente en el miedo o en la criatura que acecha dentro del bosque, sino en lo que representa culturalmente.
“Quiero que el público salga del cine recordando su infancia, preguntándose qué va a pasar con nuestras historias y nuestras lenguas en el futuro”, concluye. “Porque este cine es de mexicanos, por mexicanos y para mexicanos”.



