La quinta edición del festival reunirá graffiti, muralismo, bodypainting, skate, parkour, música y talleres en una jornada que busca demostrar que el arte urbano también construye comunidad.
Por: Rodrigo Pujol Del Toro
El arte urbano se prepara para tomar nuevamente la Ciudad de México. Este sábado 29 de agosto, el Parque de Cultura Urbana (PARCUR) será escenario de la quinta edición de Dirty Walls, un festival que nació de la necesidad de un grupo de artistas y amigos por encontrarse, pintar y compartir sus propuestas, y que con los años terminó convirtiéndose en una plataforma que conecta a creadores emergentes y consagrados.

La dimensión que ha alcanzado el encuentro es considerable: 159 grafiteras, grafiteros e ilustradores intervendrán 840 metros lineales de muros durante una jornada de 10 horas. Pero para Yovannelly Hernández Ríos, una de las fundadoras de Dirty Walls, el número de artistas o la cantidad de metros intervenidos no es lo más importante. El verdadero crecimiento del proyecto ocurrió cuando entendieron que habían dejado de organizar simplemente una reunión para pintar y comenzaban a construir una comunidad.
Dirty Walls nació en 2019, en un contexto particularmente complicado para la convivencia cultural. Hernández recuerda que inicialmente se trataba de reunirse entre amigos para pintar, acudir a exposiciones y compartir experiencias relacionadas con la gráfica y el arte. Durante la pandemia surgió la idea de invitar a más personas a intervenir un muro. Lo que parecía una convocatoria pequeña terminó reuniendo aproximadamente a 120 participantes y, para sorpresa de sus organizadores, también atrajo a artistas reconocidos del graffiti y el muralismo.
La segunda edición fue el momento en que sus fundadores comprendieron que algo estaba cambiando. Ya no eran solamente amigos reunidos para pintar: Dirty Walls comenzaba a funcionar como una plataforma nacional e incluso internacional. Artistas provenientes de otros estados y otros países comenzaron a incorporarse al encuentro, ampliando las redes que se estaban construyendo alrededor del festival.
Esa evolución también modificó la manera de entender el espacio. En sus primeras ediciones, Dirty Walls se desarrollaba principalmente en predios privados y espacios cerrados. Con el crecimiento del proyecto llegó una nueva pregunta: ¿por qué no abrirlo a públicos mucho más amplios? La respuesta se encuentra ahora en PARCUR, un espacio público vinculado directamente con las culturas urbanas y que permite que niños, jóvenes, familias y adultos mayores puedan convivir con los artistas y conocer de cerca sus procesos.
Para Hernández, esta apertura es fundamental porque también permite que los propios artistas puedan disfrutar el festival con sus familias. La idea ya no es solamente llegar a pintar y marcharse, sino tomar el espacio público, convivir, aprender, observar y generar nuevas relaciones alrededor de distintas disciplinas urbanas.
Uno de los objetivos que atraviesa Dirty Walls es precisamente modificar la percepción que durante décadas ha acompañado al graffiti. La imagen del grafitero como sinónimo de vandalismo comienza a convivir con otra realidad: artistas que trabajan profesionalmente, realizan murales, reciben remuneración por su trabajo y utilizan su producción artística para sostener a sus familias o incluso financiar sus estudios.
“El hecho de que tú le des un tema libre a un artista puede hablar de su vida, puede hablar de lo cotidiano, puede hablar de lo que le duele, puede hablar de lo que lo hace feliz”, explica Hernández al hablar de la libertad creativa que caracteriza al festival. Por eso Dirty Walls no busca que todos los muros transmitan el mismo mensaje: la diversidad de discursos también forma parte de la propuesta.
Sin embargo, libertad no significa ausencia de responsabilidad. Debido a que el festival está abierto a familias e infancias, existe un proceso de curaduría que busca evitar contenidos considerados nocivos para esos públicos. La organización trabaja junto con la Secretaría de Cultura para construir un espacio donde puedan convivir diferentes lenguajes y discursos sin perder de vista que las imágenes que se presentan en el espacio público también forman parte del entorno visual de nuevas generaciones.
La quinta edición también destaca por su carácter autogestivo. Hernández enfatiza que los organizadores y colaboradores no reciben un pago por realizar el festival. El proyecto mantiene parte de su esencia original: generar un espacio para artistas que de otra manera podrían no encontrar fácilmente lugares donde presentar y desarrollar su trabajo.
La alianza con PARCUR y la Secretaría de Cultura representa, en ese sentido, un nuevo paso en la historia del proyecto. El festival encuentra un espacio especialmente relacionado con las culturas urbanas y, al mismo tiempo, obtiene la posibilidad de acercarse a un público mucho más amplio.
Además de los muros, Dirty Walls ofrecerá bodypainting, talleres, bazar, música en vivo y distintas expresiones vinculadas con las culturas urbanas, incluyendo skate y parkour. Las propuestas musicales abarcarán electrónica, reggae, rock, dubstep, rumba tropical y micrófono abierto.
Yovannelly Hernández ya piensa en el siguiente paso: convertir Dirty Walls en un proyecto itinerante que pueda viajar a otras ciudades y estados de México. La intención es que otros espacios puedan abrir sus puertas a la comunidad y permitir que los artistas impartan talleres, pinten y compartan sus conocimientos.
En paralelo, del propio proyecto surgió Pink Walls, una iniciativa enfocada exclusivamente en mujeres dentro del arte urbano. Para Hernández, crear estos espacios es también una forma de reconocer el trabajo de mujeres que además de ser artistas son madres, trabajadoras y creadoras.
La invitación de la organizadora para quienes visiten PARCUR es sencilla: no solamente mirar los muros. Acercarse a los artistas, preguntarles por qué eligieron determinados colores, conocer sus historias, descubrir sus redes y entender qué hay detrás de cada imagen.
Porque después de cinco ediciones, Dirty Walls parece haber confirmado algo que sus fundadores quizá no podían dimensionar cuando comenzaron: un muro puede ser mucho más que un muro. Puede convertirse en punto de encuentro, espacio de expresión, plataforma profesional y, sobre todo, en un lugar donde una comunidad decide reunirse para crear.
Dirty Walls 2026 se realizará el sábado 29 de agosto, de 10:00 a 18:00 horas, en PARCUR, dentro del Bosque de Chapultepec. La entrada es una oportunidad para acercarse a una escena artística que durante años creció en las calles y que hoy también busca conquistar los espacios culturales institucionales sin perder su identidad.
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