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“Ni una más, nos queremos vivas”: el teatro convierte el feminicidio en una pregunta que México no puede ignorar

Diana Reséndiz lleva al Foro Shakespeare una puesta en escena que utiliza la memoria, el teatro y la denuncia para hablar de violencia de género, machismo y masculinidades aprendidas

Por: Rodrigo Pujol (editor@thunder.mx)

Hay historias que llegan al teatro para entretener y hay otras que buscan incomodar, provocar preguntas y obligarnos a mirar aquello que muchas veces preferimos mantener fuera de nuestra conversación cotidiana. “Ni una más, nos queremos vivas” pertenece a esta segunda categoría: una puesta en escena que utiliza el escenario como espacio de memoria y denuncia frente a una problemática que continúa atravesando la vida de miles de mujeres.

Escrita, dirigida y producida por Diana Reséndiz, la obra llegará al Foro Shakespeare con únicamente dos funciones, los días 2 y 9 de septiembre a las 20:30 horas. La propuesta parte de una historia de ficción, pero coloca en el centro experiencias de machismo, violencia y desigualdad que forman parte de una realidad contemporánea que difícilmente puede permanecer invisible.

La historia comienza durante una marcha por el Día Internacional de la Mujer, cuando un grupo de amigas se reúne para compartir experiencias relacionadas con el machismo y diferentes formas de violencia. En ese encuentro también aparecen las historias de sus madres y abuelas, mostrando cómo determinadas heridas y estructuras sociales pueden transmitirse de una generación a otra.

Poster

Pero la conversación cambia radicalmente cuando las mujeres descubren que Rosa, una de sus compañeras, no llegará a la manifestación porque ha sido asesinada por su pareja. A partir de ese momento, la obra abandona cualquier posibilidad de abordar el problema desde la distancia y coloca al espectador frente a las consecuencias de una violencia que puede comenzar mucho antes del asesinato.

Una historia que no comienza con el feminicidio

Uno de los elementos centrales de la puesta en escena es precisamente entender que la violencia feminicida no aparece de manera aislada. Antes de llegar al extremo existe un entramado de comportamientos, discursos, relaciones de poder y formas de violencia que pueden ser normalizados dentro de la vida cotidiana.

Por ello, “Ni una más, nos queremos vivas” no busca únicamente contar la historia de una mujer asesinada. La obra plantea una conversación mucho más amplia sobre aquello que sucede antes, sobre las estructuras que permiten que determinadas conductas sean normalizadas y sobre las masculinidades que se aprenden y reproducen socialmente.

Después de la muerte de Rosa, su espíritu aparece para reconstruir los acontecimientos que la llevaron a perder la vida a manos del hombre que amaba. El recurso permite que la protagonista permanezca presente en escena y que su historia pueda ser reconstruida desde la memoria, el dolor y la necesidad de comprender.

Paralelamente, un personaje masculino recupera frases pronunciadas a lo largo de la historia por poetas, filósofos, dramaturgos y pensadores, estableciendo un diálogo entre ideas provenientes del pasado y una problemática que continúa teniendo consecuencias en el presente.

El pasado también habla del presente

La obra propone así una reflexión sobre la manera en que determinadas ideas sobre las mujeres han sido construidas y transmitidas durante siglos. Al recuperar voces de distintos momentos de la historia, la puesta en escena busca mostrar que las desigualdades no aparecen de manera espontánea, sino que también pueden estar relacionadas con discursos culturales profundamente arraigados.

Ese diálogo entre pasado y presente es uno de los elementos que convierten a la obra en algo más que una representación sobre un feminicidio. La pregunta se desplaza hacia la sociedad que permite, reproduce o normaliza determinadas formas de violencia.

El lenguaje escénico es íntimo y directo, de acuerdo con la propuesta de la producción, precisamente para evitar que el problema se convierta únicamente en una cifra o en una noticia más. Detrás de cada caso existen personas, familias, historias y vidas que fueron interrumpidas.

La frase “Ni una más, nos queremos vivas” funciona entonces no solamente como título, sino como una declaración que atraviesa la puesta en escena y conecta la experiencia teatral con una exigencia social: que las mujeres puedan vivir libres de violencia.

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El teatro como espacio de conciencia

El elenco está integrado por Carlos Mendoza, Diana Reséndiz, Imelda Castro, Ginés Cruz, Angie Mcastel, Carlos Medina, Ollinkan Hurtado, Natali González, Raiden Negrete, Nathali Aboytes y Javier Morelos, quienes participan en una historia que transita entre el dolor, la memoria y la resistencia.

Para Diana Reséndiz, el teatro se convierte en una herramienta de conciencia social y transformación colectiva. Desde esa perspectiva, el escenario no funciona únicamente como un lugar donde se representa una historia, sino como un espacio donde el público puede reconocerse, cuestionarse y comenzar una conversación.

Y quizá ahí se encuentra una de las principales apuestas de la producción: no ofrecer respuestas fáciles ante un problema complejo, sino generar preguntas que acompañen al espectador después de abandonar el teatro.

Porque hablar de violencia de género no debería limitarse a hablar de los casos que llegan a los titulares. También significa preguntarnos qué conductas hemos normalizado, qué ideas seguimos reproduciendo y qué papel tiene cada persona en la construcción de relaciones menos violentas.

Dos funciones para no olvidar

“Ni una más, nos queremos vivas” tendrá únicamente dos presentaciones en el Foro Shakespeare, ubicado en Zamora 07, colonia Condesa. Las funciones serán el miércoles 2 y miércoles 9 de septiembre a las 20:30 horas.

La obra plantea una experiencia teatral que combina memoria, denuncia y reflexión para recordar algo que las estadísticas pueden hacer difícil de dimensionar: cada número representa una mujer, una familia y una historia que no debió terminar de esa manera.

En un país donde la violencia contra las mujeres continúa siendo una problemática urgente, llevar esta conversación al escenario también significa disputar el espacio público desde la cultura. El teatro no puede resolver por sí solo una realidad tan compleja, pero sí puede hacer algo fundamental: impedir que dejemos de hablar de ella.

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