Desde sus orígenes en la época colonial hasta su consolidación como una industria de prestigio internacional, el ron guarda una profunda y rica tradición en tierras mexicanas.
Por: Rodrigo Pujol Del Toro
Cada 16 de agosto se celebra el Día Internacional del Ron, una de las bebidas destiladas más antiguas del mundo y con mayor arraigo en el Caribe. Sin embargo, pocos conocen el fascinante recorrido histórico que este elixir ha tenido en México, donde su producción se remonta a la época colonial y ha evolucionado desde la clandestinidad hasta convertirse en un símbolo de calidad y distinción.
De acuerdo con Fundación Herdez, el desarrollo del ron en el país estuvo marcado por retos y prohibiciones durante el siglo XVII, cuando se fabricaban los primeros aguardientes rudimentarios. Más adelante, en el siglo XVIII, surgió el popular chiringuito en alambiques artesanales, seguido en el siglo XIX por la emblemática charanda de Michoacán. No fue sino hasta el siglo XX cuando la llegada de técnicas de inmigrantes españoles y cubanos revolucionó la industria nacional, aprovechando la abundante producción de caña de azúcar en estados como Veracruz, San Luis Potosí, Chiapas y Oaxaca.
Tradición, arte y versatilidad en cada botella
La elaboración del ron es un delicado proceso que combina maestría artesanal y tecnología a través de cuatro etapas clave:
- Fermentación: El jugo de caña o la melaza se transforman en «mosto» gracias a la acción de levaduras.
- Destilación: Se utiliza alambiques de cobre o columnas para elevar el grado alcohólico.
- Envejecimiento: El líquido descansa en barricas de roble para desarrollar su complejidad aromática.
- Mezcla y embotellado: Se armonizan perfiles de sabor antes de su comercialización.
Gracias a que México se posiciona como el quinto productor mundial de caña de azúcar, las marcas nacionales han ganado un sólido prestigio internacional, ofreciendo desde versátiles rones blancos para coctelería hasta complejos rones oscuros ideales para disfrutarse en las rocas.
Para celebrar esta fecha en casa, la Fundación comparte una receta clásica y exótica para preparar un refrescante Blue Hawaiian: en un shaker con hielos, mezcla 40 ml de ron blanco, 120 ml de jugo de piña, 8 cucharaditas de crema de coco y 10 ml de curaçao azul; agita durante 10 segundos y sirve colando con el gusanillo.
Nota del editor: A veces nos da miedo que la tecnología nos reemplace, pero la realidad es que estos sistemas son como un practicante muy brillante y veloz que apenas está aprendiendo cómo funciona tu empresa. No busques que la IA resuelva todo sola; úsala para quitarte de encima lo repetitivo y enfócate tú en lo que realmente importa: la estrategia y ese criterio que solo dan los años de experiencia. Al final del día, el algoritmo puede darte los datos, pero tú eres quien tiene que decidir hacia dónde va el barco.
Para contactar al editor escribe: editor@thunder.mx.
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