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“Todos podemos ser migrantes”: Zezé Figueroa lleva al teatro una historia de viajes que nunca terminan

“Sardinas…” llega al Teatro Benito Juárez con una propuesta sin palabras que utiliza el cuerpo, las máscaras y los objetos para hablar del miedo, el cansancio, la esperanza y la necesidad de encontrar un lugar al cual llamar hogar

Por: Rodrigo Pujol Del Toro

¿Qué significa migrar cuando el camino parece no tener fin? La pregunta puede parecer sencilla, pero detrás de ella existe una realidad que atraviesa a millones de personas y que, de una u otra manera, también forma parte de la historia de muchas familias mexicanas. Para Zezé Figueroa, director, dramaturgo y actor, la migración dejó de ser una noticia lejana para convertirse en una experiencia que también podía reconocer desde su propia vida. De esa inquietud nació Sardinas…, una puesta en escena que llegará al Teatro Benito Juárez los días 24, 25 y 27 de septiembre.

La obra no busca contar la historia de un migrante específico ni reconstruir un episodio documental. Su apuesta es mucho más simbólica: hablar del tránsito migrante como un gran viaje que parece no terminar nunca. En escena, tres personajes entran en una especie de sueño surrealista en el que resulta difícil distinguir si están despiertos, dormidos, recordando o simplemente avanzando hacia otro lugar.

“Vemos la migración como un gran sueño, un sueño que nunca termina”, explica Zezé Figueroa durante una entrevista. La obra construye así un universo en el que la realidad y la fantasía se mezclan, mientras los personajes atraviesan diferentes estados físicos y emocionales sin que el espectador tenga necesariamente una explicación literal de lo que está sucediendo.

Una historia que comenzó en Oaxaca

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Aunque Sardinas… habla de una experiencia universal, su origen tiene una raíz profundamente personal. Figueroa es originario de Oaxaca y, para estudiar actuación en la Escuela Nacional de Arte Teatral, tuvo que salir de su estado, alejarse de sus tradiciones, de sus vínculos familiares y de su entorno cotidiano para trasladarse a Ciudad de México.

Durante los cuatro años de la licenciatura llegó a mudarse ocho veces. El dramaturgo reconoce que tuvo el privilegio de poder trasladarse para estudiar y contar con un lugar donde dormir, pero aun así experimentó las dificultades que implica encontrar vivienda y establecerse en una ciudad como la capital mexicana.

Esa experiencia terminó provocando una pregunta que se convirtió en uno de los motores de la obra: si alguien que tuvo determinadas condiciones y oportunidades enfrentó dificultades al desplazarse, ¿qué ocurre con quienes migran porque su contexto social, económico, político o cultural les impide desarrollar una vida digna en el lugar donde nacieron?

La inquietud se hizo todavía más fuerte a partir de una noticia que Figueroa leyó en 2017 sobre un grupo de migrantes que llegó en una embarcación a una playa de Cádiz, España. Mientras los turistas disfrutaban del mar, aquellas personas desembarcaban y comenzaban a correr y buscar un lugar donde esconderse. La imagen quedó en su memoria y terminó encontrando una conexión con la obra.

“Siempre buscar la vida digna”, recuerda Figueroa al explicar aquello que observó detrás de esas imágenes.

¿Por qué “Sardinas”?

El título de la obra también surgió de aquella imagen. Al pensar en una embarcación que transportaba a personas por encima de su capacidad, el dramaturgo recordó inmediatamente una lata de sardinas.

Pero la relación no termina ahí. También pensó en los bancos de sardinas que se desplazan juntos en el océano, manteniendo una dirección y una sincronía que les permite enfrentar las amenazas del entorno. La imagen terminó convirtiéndose en una metáfora para hablar de las caravanas migrantes y de las personas que emprenden un recorrido compartido frente a circunstancias adversas.

Así, Sardinas… establece un vínculo entre las migraciones humanas y los desplazamientos de otras especies. El movimiento deja de ser únicamente una cuestión política o social para convertirse en un fenómeno natural: seres vivos que abandonan un sitio y se desplazan buscando mejores condiciones para continuar existiendo.

Una obra que decidió no utilizar palabras

Uno de los elementos más particulares de Sardinas… es que no utiliza lenguaje verbal. En lugar de diálogos, la puesta en escena se apoya en el teatro físico, los objetos y las máscaras.

Para Figueroa, esta decisión tiene que ver con la posibilidad de construir una experiencia que no dependa de una traducción. Un espectador puede no compartir idioma, nacionalidad o contexto con los personajes, pero puede reconocer corporalmente el cansancio, el miedo, el hambre, el sueño o la incertidumbre.

“Creo que eso es algo muy importante para este tipo de proyectos”, explica, porque el cuerpo permite llegar a sensaciones que no necesitan necesariamente una explicación verbal.

El resultado es una obra en la que el silencio no significa ausencia de comunicación. Al contrario: los cuerpos, los objetos y las imágenes se convierten en los elementos encargados de contar aquello que los personajes no dicen.

Una historia que también habla de nosotros

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Figueroa quiere que el público salga del teatro con una idea particular: que la migración no necesariamente es una experiencia que pertenece exclusivamente a otras personas.

Durante la entrevista, el creador plantea que cualquier persona puede encontrarse en algún momento ante la necesidad de abandonar el lugar donde vive, independientemente de sus circunstancias actuales. En su propio caso, la migración fue interna y estuvo relacionada con su formación profesional; para otras personas, las razones pueden estar relacionadas con condiciones económicas, sociales, políticas o familiares.

El punto central es que el desplazamiento forma parte de la experiencia de muchas familias mexicanas. Basta pensar en quienes tienen un familiar que emigró a Estados Unidos, en quienes cambiaron de estado para estudiar o trabajar o en quienes tuvieron que comenzar nuevamente en otra ciudad.

Por eso Sardinas… no pretende señalar a un grupo específico. Busca que el espectador encuentre un punto de identificación.

El teatro como espacio para la empatía

Más que ofrecer una explicación sobre la migración, la obra propone detenerse a observarla. La incertidumbre, el cansancio, la esperanza, el deseo de encontrar refugio y la transformación que implica abandonar un lugar aparecen a través de imágenes y acciones.

En este sentido, la obra de Casa Gris se aleja del tratamiento documental y apuesta por una experiencia sensorial y poética. No intenta decirle al público qué pensar, sino colocar frente a él una serie de imágenes para que construya su propia interpretación.

La propuesta también busca ampliar las posibilidades de acceso al teatro, precisamente porque no depende de un idioma. Una persona de cualquier nacionalidad puede acercarse a la obra sin necesitar traducción para entender que alguien tiene miedo, está cansado o busca un lugar donde descansar.

Después de Benito Juárez, Oaxaca

La temporada en Ciudad de México será apenas una parte del recorrido de Sardinas…. La puesta en escena fue seleccionada para formar parte de la 46 Muestra Nacional de Teatro en Querétaro 2026, además de contar con una futura gira por Oaxaca.

Figueroa explica que la compañía fue seleccionada mediante una convocatoria de Artes, dentro del sistema de apoyos a la creación y proyectos culturales, para realizar presentaciones en diferentes puntos del estado.

Entre los primeros destinos se encuentran Oaxaca, Ayutla Mixes y Tehuantepec, con la intención de continuar posteriormente la circulación por otros espacios de la República.

La aspiración de Casa Gris no es limitar el proyecto a las grandes ciudades. La compañía busca llevarlo también a lugares donde pueda encontrarse con públicos diferentes y ampliar el diálogo que propone la obra.

Una pregunta que queda después del telón

Al final, Sardinas… parte de una pregunta sobre la migración, pero termina abriendo muchas más. ¿Qué dejamos atrás cuando nos vamos? ¿Cuánto de nuestro lugar de origen permanece con nosotros? ¿En qué momento un sitio desconocido comienza a convertirse en hogar? ¿Y qué ocurre cuando el viaje parece no terminar?

Zezé Figueroa convirtió algunas de esas preguntas en una experiencia escénica que no necesita discursos para plantearlas. Tres personajes, un viaje, objetos, máscaras y cuerpos en movimiento son suficientes para construir una historia sobre personas que avanzan sin saber exactamente dónde terminará el camino.

Sardinas… se presentará los días 24, 25 y 27 de septiembre en el Teatro Benito Juárez, ubicado en Villalongín 15, colonia Cuauhtémoc, Ciudad de México. Las funciones serán jueves y viernes a las 20:00 horas y domingo a las 18:00 horas.

Para conocer las próximas presentaciones y actividades de Casa Gris: Instagram @casa_gris.

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