Tres clowns, dos inteligencias artificiales y una buena dosis de humor se encuentran en “Tonter I.A.”, una puesta en escena que convierte la tecnología en compañera de juego para cuestionar qué seguimos teniendo los humanos que una máquina no puede replicar.
Por: Rodrigo Pujol
La inteligencia artificial ya no pertenece únicamente al territorio de los laboratorios, las empresas tecnológicas o las películas de ciencia ficción. Está en los teléfonos, en las aplicaciones, en las herramientas de trabajo y cada vez más en las conversaciones cotidianas. Pero ¿qué ocurre cuando esa tecnología abandona por un momento las pantallas y se sube a un escenario para enfrentarse al absurdo, al error y a la improvisación humana? Esa es precisamente una de las preguntas que plantea “Tonter I.A.”, espectáculo de la compañía El Gallinero que utiliza el clown como punto de encuentro entre la tecnología y las contradicciones del ser humano.
La obra, creada a partir del trabajo de las tres fundadoras de El Gallinero —Claudia Ivonne Cervantes, Jéssica Bastidas y Lucía Pardo—, propone una experiencia poco convencional: la inteligencia artificial no aparece solamente como tema de conversación, sino como un elemento activo dentro de la función. Hay una inteligencia conversacional y otra vinculada al sonido que interactúan con las intérpretes, mientras el espectáculo incorpora además comedia física, videomapping, loops y participación del público.
Para Jéssica Bastidas, dramaturga, directora y actriz, el proyecto comenzó de una manera mucho más pequeña. Todo surgió a partir de un ejercicio realizado con colaboradores del Centro de Investigación en Matemáticas, después de que integrantes de El Gallinero coincidieran con especialistas durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. La idea original era participar con breves números cómicos dentro de una conversación sobre inteligencia artificial y ayudar a desmitificar la tecnología, especialmente esa percepción de que es mágica, infalible o completamente certera.
“Nos dijeron: ¿por qué no intervienen con unos breves números cómicos?”, recuerda Bastidas.
La experiencia, sin embargo, dejó al grupo con ganas de seguir investigando. Aquellos pequeños ejercicios comenzaron a convertirse en preguntas y posteriormente en material escénico. ¿Puede una máquina entender realmente una emoción? ¿Puede comprender qué significa estar enamorado? ¿Puede equivocarse de la misma manera que una persona? ¿Qué sucede cuando una herramienta diseñada para procesar información se encuentra con la lógica impredecible del clown?
“Empezamos a hacer exploraciones con inteligencia artificial, desde pedirle que nos escribiera números, o buscar entablar diálogos con la inteligencia artificial”, explica Bastidas. El proceso también incluyó bibliografía, investigación y asesorías con especialistas, entre ellos la doctora Yvette Sánchez, embajadora de Women in Artificial Intelligence de México.
Una IA que no está detrás del escenario
Uno de los elementos más interesantes de “Tonter I.A.” es que la tecnología no funciona simplemente como una escenografía moderna. La inteligencia artificial participa directamente en la acción, responde, genera contenidos y modifica lo que sucede durante la representación.
Para lograrlo, El Gallinero trabajó con el programador y artista de nuevos medios Isaías Herrera, quien desarrolló una inteligencia conversacional específicamente para el espectáculo y otra herramienta relacionada con el sonido. Esta última utiliza composiciones creadas por Fores Basura y funciona prácticamente como una especie de DJ en vivo.
“La inteligencia artificial también va siendo como la DJ en vivo, y va sonorizando.”, explica Bastidas.
El resultado es un espectáculo donde las fronteras entre actriz, máquina, música y público comienzan a desdibujarse. Las tres intérpretes actúan, improvisan y reaccionan ante aquello que genera la tecnología, creando una dinámica que puede cambiar de una función a otra.
Y ahí aparece uno de los elementos más divertidos de la propuesta: el público también tiene cierta responsabilidad en lo que sucede. En uno de los números, los espectadores proporcionan palabras que son introducidas en la inteligencia conversacional. A partir de ellas se construye una escena que difícilmente podría repetirse de manera idéntica.
“Ese número nunca va a ser el mismo, siempre va a ser una nueva versión dependiendo de nuestro público y sus aportaciones.”
La idea resulta particularmente poderosa porque convierte una discusión aparentemente abstracta sobre inteligencia artificial en una experiencia inmediata. El espectador deja de observar pasivamente y se convierte en una variable más dentro del sistema.
¿Puede una máquina entender el amor?
Uno de los momentos que mejor resume el espíritu de “Tonter I.A.” parte de una situación aparentemente sencilla: pedirle a una inteligencia artificial ayuda para escribir una carta de amor.
El planteamiento abre una pregunta mucho más grande. Una IA puede reconocer patrones, procesar enormes cantidades de información y generar un texto que parezca emocionalmente convincente. Pero ¿comprende realmente lo que significa sentir amor, miedo, esperanza o pérdida?
Ese contraste entre la capacidad tecnológica y la experiencia humana es uno de los terrenos donde la obra encuentra su humor. El clown, explica Bastidas, permite precisamente jugar con el error, la vulnerabilidad y la posibilidad de que algo salga completamente diferente a lo planeado.
La tecnología, por su parte, introduce un elemento de imprevisibilidad. En lugar de intentar esconder los errores, la obra parece abrazarlos. La máquina puede equivocarse y el humano también; la diferencia está en lo que cada uno hace con ese error.
Cuando la tecnología se vuelve visible

La propuesta visual también busca hacer perceptible aquello que normalmente permanece oculto detrás de una interfaz. Edgar Mora participa en el diseño de iluminación, escenografía y videoproyecciones, creando un entorno donde la presencia de la inteligencia artificial pueda sentirse y verse.
Bastidas explica que el objetivo era que la IA no fuera simplemente una voz invisible, sino una presencia envolvente que dialogara con las intérpretes. A ello se suma la música realizada con voz humana, procesadores de sonido y loops en vivo, ampliando todavía más el juego entre lo orgánico y lo tecnológico.
Pero, en medio de toda esa tecnología, existe una paradoja fundamental: la obra utiliza herramientas artificiales para defender la importancia del encuentro humano.
Para Bastidas, el teatro conserva una característica que ninguna herramienta digital puede reproducir completamente: la experiencia colectiva de estar físicamente frente a otros seres humanos.
“El teatro nos invita a vivir en colectividad, un evento, experimentar lo que no tiene sentido si no hay público, no tiene sentido si no hay artistas.”
Por eso, más que presentar a la inteligencia artificial como enemiga, “Tonter I.A.” parece utilizarla como espejo. La máquina sirve para que el ser humano pueda observarse a sí mismo, sus contradicciones, sus obsesiones, sus errores y también su capacidad para improvisar.
Después de todo, quizá la pregunta no sea si la inteligencia artificial va a reemplazarnos, sino qué partes de nuestra humanidad estamos dispuestos a conservar cuando las máquinas sean capaces de hacer cada vez más cosas.
“Tonter I.A.” se presenta en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque, con funciones los sábados y domingos a las 13:00 horas. La propuesta forma parte del trabajo de El Gallinero, compañía que durante 14 años ha desarrollado espectáculos donde el clown dialoga con la ciencia y otras disciplinas.
En un momento en que la inteligencia artificial comienza a ocupar cada vez más espacios de la vida cotidiana, quizá una de las mejores formas de hablar de ella sea precisamente a través del humor. Reírnos de la máquina, equivocarnos frente a ella y descubrir que, al menos por ahora, todavía hay algo profundamente humano en nuestra capacidad para hacer el ridículo.




