Diez de diez: Ismael Burgueño arrasa en la encuesta de Enkoll rumbo a la gubernatura de Baja California

Es el único aspirante que alcanza la calificación máxima de la metodología de Morena. Ganó las ocho variables medidas, sin excepción.

No hubo empate técnico. No hubo margen de duda. La encuesta que Enkoll levantó para EL UNIVERSAL entre el 8 y el 13 de julio de 2026 —mil 209 entrevistas cara a cara, margen de error de ±2.8%— arrojó un resultado que en la política mexicana rara vez se ve con esta nitidez: Ismael Burgueño Ruiz obtuvo los 10 puntos de la metodología con la que Morena define sus candidaturas. La calificación perfecta. El resto de los aspirantes, sin puntaje.

El modelo de Morena no premia una sola virtud. Reparte sus diez puntos entre ocho indicadores distintos: opinión positiva, honestidad, cercanía, conocimiento del estado, cumplimiento, percepción de buen candidato, disposición del electorado a votar y preferencia como abanderado del movimiento. Un aspirante puede encabezar dos o tres y quedarse corto en el conjunto.

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Burgueño encabezó todo.

En preferencia bruta —el rubro de mayor peso, con tres de los diez puntos— alcanzó 21.3%, contra 17.4% de Julieta Ramírez Padilla y 10.9% de Montserrat Caballero Ramírez. Al redistribuir a quienes no expresaron una opción definida, la preferencia efectiva coloca al presidente municipal con licencia de Tijuana en 33%: siete puntos arriba de la segunda posición y prácticamente el doble de la tercera. Uno de cada tres bajacalifornianos con preferencia definida quiere que Morena lleve su nombre en la boleta de 2027.

El respaldo no se explica por la exposición mediática, sino por el trabajo. Burgueño es también el aspirante más conocido del estado, con 56% de identificación ciudadana. Y ese conocimiento no le pasa factura: al contrario. Su gestión al frente de Tijuana, el municipio más poblado de la entidad y uno de los más complejos del país, registra 64% de aprobación. En política, la fórmula de que a mayor exposición mayor desgaste es casi una ley. Aquí se rompió.

Los atributos cuentan la misma historia. En honestidad —el valor que el movimiento colocó en el centro de su definición— Burgueño registra 17.0 de saldo, por encima de los 13.1 de Caballero y los 10.9 de Ramírez Padilla. En conocimiento del estado, 24.6. En disposición del electorado a votar por él, 25.1. En percepción de buen candidato, 25.5. En cada casilla, el mismo nombre hasta arriba.

Lo que la encuesta retrata no es un arranque afortunado ni una coyuntura pasajera. Es el reconocimiento acumulado de una administración que la gente califica bien porque la ve funcionar, y de un perfil que la ciudadanía asocia con resultados antes que con discursos. Los números de Enkoll no inventaron nada: pusieron cifras a algo que en las calles de Tijuana, Mexicali, Ensenada y Rosarito ya se conversaba.

El punto de partida es inmejorable, y la responsabilidad que impone también.

Fiel a la línea que ha sostenido desde el inicio —«es momento de unidad, no de guerras sucias»—, la fortaleza que hoy reflejan los números no se construyó contra nadie. Se construyó gobernando. Y ese, más que cualquier porcentaje, es el activo que Morena tiene enfrente rumbo a 2027.

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