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Sofía Rei llega a México con “Antónima”, un álbum que nació para nadar contra la corriente

La cantante argentina presenta en el Cervantino y en Ciudad de México un proyecto construido junto a ocho mujeres latinoamericanas y que ahora la lleva a explorar música, migración, memoria y las historias que todavía necesitan ser escuchadas

Por: Rodrigo Pujol Del Toro

Hay discos que nacen de una colección de canciones y otros que terminan convirtiéndose en una declaración artística. Antónima, el séptimo álbum de la cantante, compositora y productora argentina Sofía Rei, pertenece a esta segunda categoría: es un proyecto donde el folclore latinoamericano se encuentra con la electrónica, el jazz, el pop experimental, el neo soul y la improvisación, pero también un espacio de encuentro entre mujeres creadoras que comparten una región, una historia y, en muchos casos, los mismos desafíos para hacer visible su trabajo. Ahora, esa búsqueda llega a México con dos presentaciones: el 17 de octubre en el Festival Internacional Cervantino y el 19 de octubre en el Palacio Legislativo de San Lázaro, donde ofrecerá un concierto gratuito a las 18:00 horas. Para Rei, el viaje no representa únicamente presentar un nuevo disco, sino llevar por primera vez este proyecto a un público latinoamericano que puede entender sus canciones desde una experiencia cultural compartida.

Cuando Sofía Rei comenzó a trabajar en Antónima, se planteó un desafío importante que terminó transformándose también en un proceso personal. La artista reconoce que después de completar el álbum se siente, sencillamente, “una mujer más cansada”, pero también una mujer que descubrió una comunidad artística con la que comparte mucho más de lo que imaginaba. El disco reunió a ocho colaboradoras de distintas escenas de la música latinoamericana contemporánea e independiente, y una parte esencial del proceso fue conseguir que el trabajo ocurriera presencialmente siempre que las circunstancias lo permitieran: encuentros durante giras, viajes de las artistas a Nueva York o desplazamientos de la propia Rei. Esa convivencia terminó revelándole que muchos de los problemas que pensaba como desafíos individuales eran en realidad experiencias colectivas. “Uno piensa que son los desafíos propios, los desafíos individuales, y al ver y al hablar y a conversar y a compartir, darse cuenta de que muchos son desafíos y alegrías también colectivas”, explica.

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El concepto musical de Antónima también nació de esa voluntad de mezclar territorios que aparentemente podrían estar separados. Rei y su colaborador artístico JC Maillard construyeron una producción donde las tradiciones folclóricas de Sudamérica y el Caribe conviven con una electrónica de carácter artesanal, detallista y granular, además de elementos de pop experimental, neo soul, art pop e improvisación. La propia cantante reconoce que la experiencia la obligó a involucrarse mucho más profundamente en la producción y que aprendió enormemente durante el proceso. En su descripción, el álbum se mueve precisamente en ese espacio que ella denomina “folk y futurismo”, una combinación en la que la memoria no funciona como una pieza de museo, sino como una materia que puede ser transformada mediante nuevas herramientas sonoras. Texto pegado

La decisión de trabajar específicamente con mujeres tampoco fue una estrategia construida desde una lógica promocional, sino una conclusión a la que Rei llegó mientras desarrollaba su trabajo como profesora en la Universidad de Nueva York. Para una de sus clases sobre música latinoamericana contemporánea creó un playlist llamado “Voces en la Música Latinoamericana Contemporánea” y, conforme incorporaba proyectos que consideraba innovadores, comenzó a notar un patrón que terminó modificando la dirección del proyecto: “un día miro y me doy cuenta que el 90% de esto que era para mí lo más innovador, lo más vanguardista, lo más interesante para mostrarles, eran mujeres. Y dije, estamos en algo acá”. A partir de esa observación decidió convertir esa presencia femenina en una parte central de Antónima. Texto pegado

El álbum reúne las voces y universos de creadoras como Gaby Moreno, Daymé Arocena, Mireya Ramos, Xenia Rubinos, Las Áñez, Mariana Baraj, Charo Bogarín “La Charo” y Juana Luna, artistas que proceden de distintas geografías y tradiciones. Para Rei, sin embargo, la diversidad no significa simplemente acumular nacionalidades dentro de un mismo disco, sino permitir que cada colaboradora conserve su identidad artística. Algunas participaron desde la composición y la producción, mientras otras encontraron dentro del repertorio de la argentina una canción que podía dialogar con su propia personalidad. El resultado es una red creativa donde las diferencias no desaparecen, sino que funcionan como materia para construir un lenguaje común.

La propia trayectoria de Rei ayuda a explicar esa capacidad de cruzar fronteras. Nacida en Buenos Aires y radicada desde hace años en Nueva York, la artista encontró en la ciudad estadounidense una puerta inesperada hacia una Latinoamérica mucho más diversa. “Viviendo en Latinoamérica, yo no conseguí conocer Latinoamérica de la forma que conseguí conocer Latinoamérica en Estados Unidos”, afirma. Desde sus primeras semanas en Nueva York comenzó a trabajar con artistas de Cuba, Brasil y Colombia, y posteriormente con músicos provenientes de Perú, Ecuador, Venezuela y otros países. Esa convivencia terminó influyendo directamente en su manera de entender el folclore: sus bandas llegaron a parecerle una especie de “Naciones Unidas Latinoamericanas”, con músicos que aportaban sus propios conocimientos y tradiciones mientras aprendían de los demás.

Esa experiencia resulta particularmente significativa ahora que Antónima llega a México. Rei considera que el país ocupa un lugar fundamental dentro del circuito cultural latinoamericano y destaca su capacidad de funcionar como una ventana para la circulación de proyectos, ideas y artistas. Aunque reconoce que para una creadora extranjera puede ser más complejo integrarse plenamente a determinados ecosistemas culturales, asegura que México le ha abierto las puertas en distintas etapas de su carrera, tanto para presentar discos como para impartir clases y trabajar con jóvenes músicos. “México siempre me ha dado la bienvenida, y a mí, a mis proyectos, de una forma muy hermosa, muy cariñosa”, señala la cantante, quien considera especialmente significativo que la primera gran ventana latinoamericana de Antónima ocurra precisamente en el Cervantino.

El concierto del 17 de octubre en el Festival Internacional Cervantino reunirá a parte de los músicos fundamentales en la construcción sonora del álbum, entre ellos JC Maillard, el percusionista y baterista colombiano Tupac Mantilla y el mexicano Celso Duarte, reconocido por su trabajo con el arpa, la jarana y las tradiciones folclóricas latinoamericanas. Dos días después, el proyecto cambiará de configuración para presentarse en el Lobby Edificio E del Palacio Legislativo de San Lázaro, a las 18:00 horas y con entrada gratuita. En esa ocasión participarán como invitadas Leiden, Laura Guevara y Mireya Ramos, ampliando la lógica colaborativa de Antónima y permitiendo que el proyecto siga generando nuevas conexiones con creadoras de los lugares donde se presenta.

Para Rei, esas colaboraciones locales son también una manera de evitar que un proyecto como Antónima quede encerrado en las colaboraciones originales del álbum. Cuando alguna de las artistas participantes no puede acompañarla en una presentación, la ausencia se convierte en una oportunidad para encontrar nuevas voces y establecer otros vínculos. De esa manera, el concepto del disco continúa expandiéndose más allá de la grabación: cada concierto puede convertirse en un nuevo capítulo de la red artística que comenzó a construirse durante su producción.

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Y precisamente esa red parece estar llevando a Rei hacia una nueva etapa. Mientras todavía presenta Antónima, la artista trabaja en una obra escénica de mayores dimensiones que vincula periodismo social, danza, música y teatro, alrededor de historias de mujeres y migración. El proyecto se encuentra todavía en desarrollo, pero revela hacia dónde está comenzando a mirar su autora. Cuando se le pregunta por qué quiere incorporar periodismo, memoria y problemáticas sociales a su música, su respuesta es contundente: “me urge, digamos, dar mi voz de una forma más política y prestar lo que sé, que es la música”.

La artista habla de un momento especialmente complejo para Estados Unidos, Latinoamérica y el mundo, marcado por discusiones sobre migración, violencia y marginalidad de determinadas comunidades. Su respuesta no consiste en abandonar la música para convertirse en periodista o activista, sino en utilizar aquello que conoce —la composición, la voz, el escenario— como una herramienta para acompañar otras narrativas. “Mi herramienta de contribución puede ser una composición, puede ser mi voz”, explica, mientras plantea la necesidad de contar historias de personas que considera merecedoras de mayor visibilidad.

En ese sentido, Antónima puede entenderse como el punto de partida de una búsqueda que todavía está creciendo. El álbum comenzó con una pregunta musical y terminó generando una comunidad; esa comunidad abrió nuevas conversaciones sobre identidad, género, memoria y territorio, y esas conversaciones ahora conducen a Rei hacia historias relacionadas con migración y desigualdad. Incluso contempla que en algunos años pueda existir un “Antónima 2”, porque durante el proceso quedaron colaboraciones pendientes con otras artistas. “Siento que quedaron tantas colaboraciones pendientes con muchas otras artistas, que yo creo que de acá a unos años vamos a tener alguna forma de Antónima 2”, adelanta.

Por ahora, México será el territorio donde esta historia comenzará a escucharse en Latinoamérica. El 17 de octubre en el Festival Internacional Cervantino y el 19 de octubre en el Palacio Legislativo de San Lázaro, Sofía Rei llevará un repertorio construido desde la mezcla, la colaboración y la búsqueda de nuevas formas para hablar de las raíces latinoamericanas. Más que una defensa nostálgica del folclore, Antónima propone preguntarse qué sucede cuando esas raíces entran en contacto con la electrónica, el jazz, la improvisación y las preocupaciones del presente. Y quizá ahí se encuentre la verdadera fuerza del proyecto: no mirar hacia atrás para repetir la tradición, sino utilizarla para imaginar hacia dónde puede ir la música latinoamericana.

México será nuevamente ese punto de encuentro.

Primero, el 17 de octubre en el Festival Internacional Cervantino. Después, el 19 de octubre en el Palacio Legislativo de San Lázaro.

Dos escenarios. Una artista. Y un álbum que, como su propio nombre lo anuncia, nació para nadar contra la corriente.

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