Ante un panorama donde solo el 1% de los expertos anticipa estabilidad, los líderes empresariales deben transformar la gestión de riesgos en una ventaja competitiva frente a la volatilidad global.
Por: Rodrigo Pujol Del Toro
El entorno internacional ha dejado atrás la estabilidad coyuntural para convertir la incertidumbre en una condición permanente. De acuerdo con el Reporte de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial, la confrontación geoeconómica, los conflictos armados, las tensiones comerciales y las disrupciones en rutas marítimas críticas —como el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz— están reconfigurando la economía global y obligando a una profunda relocalización de las cadenas de suministro.
Esta fragmentación ha tenido repercusiones directas en los costos operativos y de protección: las aseguradoras marítimas se han visto en la necesidad de restringir coberturas o elevar sus primas hasta en un 200% debido al incremento exponencial del riesgo bélico.
El fin de la gestión reactiva del riesgo
Durante décadas, las organizaciones operaron bajo la premisa de que el riesgo era una variable que podía medirse y transferirse fácilmente. Hoy en día, la realidad operativa exige un cambio de paradigma respaldado por normativas internacionales como la ISO 31000.
«Hoy, la pregunta ya no es si habrá disrupciones, sino cuándo y con qué impacto. Desde lo internacional a lo nacional, vemos un fenómeno silencioso de alto impacto: la volatilidad económica derivada de conflictos comerciales», señala Omar Mendoza, CEO de HDI Global México.
El directivo puntualiza que pensar únicamente en cubrir pérdidas económicas mediante un enfoque tradicional representa un grave sesgo estratégico. En un escenario donde el 57% de los líderes empresariales anticipa una década marcada por la turbulencia, el seguro deja de ser un mecanismo pasivo para erigirse como un habilitador clave de la continuidad del negocio.
La resiliencia como ventaja competitiva
Frente a un entorno donde apenas el 1% de los expertos visualiza un futuro cercano de estabilidad, las empresas disponen de dos caminos: tratar el riesgo como una simple eventualidad o integrarlo como el núcleo de su estrategia corporativa.
Construir resiliencia implica transitar de la simple cobertura de daños a la protección integral de las cadenas de valor, garantizando la confianza de inversionistas, socios y clientes. Las organizaciones que logran esta transformación no solo absorben los impactos de la volatilidad económica, sino que se adaptan con mayor velocidad y continúan operando mientras el resto se detiene.
Nota del editor: A veces nos da miedo que la tecnología nos reemplace, pero la realidad es que estos sistemas son como un practicante muy brillante y veloz que apenas está aprendiendo cómo funciona tu empresa. No busques que la IA resuelva todo sola; úsala para quitarte de encima lo repetitivo y enfócate tú en lo que realmente importa: la estrategia y ese criterio que solo dan los años de experiencia. Al final del día, el algoritmo puede darte los datos, pero tú eres quien tiene que decidir hacia dónde va el barco.
Para contactar al editor escribe: editor@thunder.mx.
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