- La Odisea, de Christopher Nolan, es el primer largometraje de ficción filmado completamente con cámaras IMAX de 70 mm.
México, agosto 2026.- Durante años, IMAX fue percibido como una tecnología moderna asociada a las grandes franquicias de Hollywood, pero su historia comenzó mucho antes. El formato nació en 1967, cuando un grupo de cineastas canadienses desarrolló un sistema de proyección capaz de ofrecer imágenes de una escala y definición superiores a las del cine tradicional.
Apenas cuatro años después, North of Superior (1971), un documental sobre los paisajes del Lago Superior, en Canadá, se convirtió en la primera producción filmada íntegramente en IMAX. Durante décadas, el formato permaneció casi exclusivamente ligado a documentales de naturaleza, ciencia y exploración.
La razón fue sencilla: filmar en IMAX siempre ha sido extremadamente caro. A diferencia del cine convencional, el sistema utiliza un negativo de 65 mm que se desplaza horizontalmente y ocupa 15 perforaciones por fotograma, tres veces más que el formato estándar de gran formato. El resultado es una imagen con un nivel de detalle excepcional, pero también un consumo enorme de película y una logística compleja.
De acuerdo a una investigación de la plataforma de entretenimiento Spoiler.mx, los números ayudan a entender la dimensión del desafío. Una cámara IMAX puede estar valuada entre 500 mil y un millón de dólares, mientras que su alquiler semanal ronda entre 12 mil y 20 mil dólares. A esto se suma el costo de la película virgen y su procesamiento, estimado entre 2.40 y 4 dólares por pie, una cifra que puede traducirse en millones de dólares durante una producción de gran escala.

En este contexto, La Odisea representa un punto de inflexión. Christopher Nolan convirtió su adaptación del poema de Homero en el primer largometraje de ficción filmado completamente con cámaras IMAX de 70 mm, una decisión que requirió nuevas cámaras más silenciosas, una compleja logística internacional y un enorme consumo de negativo.
De acuerdo con diversos reportes, la película tuvo un presupuesto cercano a 250 millones de dólares y utilizó más de dos millones de pies de película, de los cuales aproximadamente tres millones de dólares correspondieron únicamente al material fotosensible.
«Lo que siempre me fascinó de IMAX fue que representaba lo mejor que se había logrado con el celuloide. La verdadera razón de su alta calidad es que se trata de un negativo de película gigante. Es un rollo enorme de película que pasa por el proyector a cientos de kilómetros por hora», puntualizó Nolan en entrevista con AP.
De acuerdo con Spoiler.mx, la mayoría de las superproducciones evita estos desafíos y opta por una estrategia híbrida: filmar solo secuencias específicas en IMAX y completar el resto con cámaras digitales o formatos convencionales. Incluso futuros títulos de alto perfil, como Duna: Parte Tres, se exhibirán en copias IMAX de 70 mm derivadas de fuentes digitales y no capturadas nativamente en película de 15 perforaciones.
A pesar de sus costos y limitaciones, IMAX continúa siendo el estándar visual más ambicioso del cine. Su gigantesco negativo permite una imagen con mayor profundidad, claridad e inmersión, cualidades que cineastas como Nolan consideran imposibles de replicar completamente en otros formatos.
En una industria cada vez más digital, La Odisea demuestra que el cine fotoquímico de gran formato sigue vivo y que, cuando el presupuesto y la visión artística lo permiten, continúa ofreciendo una experiencia cinematográfica difícil de igualar.




