Sandra Martínez convierte el silencio, una media máscara y un polluelo en una historia sobre la necesidad humana de amar, proteger y aprender a soltar
Por: Rodrigo Pujol Del Toro
Hay historias que no necesitan una sola palabra para decirlo todo. En “Destino”, unipersonal creado, dirigido e interpretado por la creadora escénica Sandra Martínez Nicolini, una mujer mayor, una media máscara y un pequeño polluelo bastan para construir una reflexión sobre la soledad, el amor, el miedo a perder y esa difícil tarea que todos enfrentamos alguna vez: aprender a dejar ir aquello que amamos.
La obra nació de una exploración mucho más abierta de lo que finalmente terminó convirtiéndose en escena. Martínez comenzó trabajando a partir del mito de Tlazolteotl, una diosa mexica que despertó su interés, y de una máscara que tenía disponible pero que todavía no había encontrado un personaje. De la combinación de ambos elementos comenzó a surgir una dramaturgia corporal acompañada por música en vivo, hasta convertirse progresivamente en la historia que hoy conocemos como “Destino”.

“El proceso se fue dando por partes y en un principio no tenía la claridad de que iba a realizar esta obra. Surgió como una exploración a partir de un mito de una diosa mexica, que se llama Tlazolteotl”, explica Sandra Martínez.
La protagonista es Trini, una mujer mayor que vive una existencia modesta y solitaria, marcada por la repetición de las actividades cotidianas. Su oficio es bordar, una elección que tampoco es casual: el personaje está inspirado en los relatos mitológicos de mujeres tejedoras vinculadas con el destino, la vida y la muerte. En ese universo aparentemente pequeño ocurre un acontecimiento capaz de modificarlo todo: aparece un polluelo recién nacido.
Trini decide protegerlo, adoptarlo y criarlo. Lo que comienza como un acto de cuidado y ternura se transforma paulatinamente en una relación de apego que terminará teniendo consecuencias inesperadas. La mujer encuentra en esa pequeña criatura una compañía que quizá había estado buscando durante mucho tiempo, pero precisamente el miedo a perderla terminará convirtiéndose en una fuerza destructiva.
“Es una mujer bordadora, es solitaria y dentro de estas actividades como monótonas cotidianas, de pronto ella vive una transformación a partir de que se manifiesta, se aparece un polluelo”, cuenta la creadora.
Y es ahí donde “Destino” deja de ser únicamente una historia sobre una mujer y un pájaro. La obra coloca frente al espectador una pregunta profundamente humana: ¿qué sucede cuando nuestro deseo de proteger aquello que amamos se convierte en una necesidad de controlar su destino?
Cuando amar demasiado también puede lastimar
Uno de los elementos más interesantes de la propuesta es que Martínez no plantea el apego desde una mirada sencilla. Trini no actúa desde la maldad; por el contrario, sus acciones nacen precisamente del amor, del instinto de protección y del miedo a quedarse nuevamente sola.
La tragedia aparece cuando esos sentimientos comienzan a desbordarse.
“Vemos cómo eso modifica su vida cotidiana, hasta que de pronto ocurre un accidente donde ella se ve impulsada por este amor y este deseo de sobreprotección y la lleva a cometer un suceso que se vuelve destructivo para ambos”, señala Martínez.
La obra habla entonces de una experiencia que trasciende generaciones: querer retener aquello que inevitablemente tiene que seguir su propio camino. El amor puede convertirse en refugio, pero también puede transformarse en miedo cuando la posibilidad de perder al otro se vuelve insoportable.
Ese conflicto se vuelve todavía más poderoso porque “Destino” no utiliza diálogos para explicarlo.
La historia está construida prácticamente por completo mediante lenguaje gestual, acompañamiento sonoro y el trabajo corporal de la actriz. No existen objetos que ayuden al espectador a completar literalmente el universo de Trini. Es el público quien tiene que imaginar.
Una máscara que obliga al cuerpo a hablar
Interpretar un personaje utilizando una media máscara representa uno de los grandes desafíos de la puesta en escena. Al cubrir parte del rostro, la actriz pierde una de las herramientas fundamentales de comunicación humana: la expresión facial.
Para Martínez, eso significa trasladar la emoción hacia el cuerpo.
“La media máscara demanda que mi cuerpo exprese las emociones porque la parte de mayor expresividad en los seres humanos es nuestro rostro”, explica.
La máscara, entonces, deja de ser simplemente un accesorio escénico y se convierte en un elemento vivo que debe adquirir personalidad frente al espectador.
“Yo tengo que hacer que este objeto cobre vida. Ese es el gran reto: que a partir de mi corporalidad y de ciertos sonidos yo pueda hacer que el objeto se vea vivo en escena.”
Para desarrollar este lenguaje, la creadora contó con la dirección de actuación con máscara de Quy Lan Lachino, actriz, directora y mascarera con más de 25 años de experiencia en teatro gestual, físico y de máscara.
Martínez y Lachino comparten además una formación vinculada con Argentina, lo que permitió establecer un lenguaje común durante el proceso creativo. Para la creadora de “Destino”, contar con una mirada externa fue fundamental para descubrir aquello que desde dentro del personaje podía resultar invisible.
“Aunque yo empecé sola, pues siempre es necesario tener ojos externos. La incorporación de ella al proceso ha sido muy enriquecedora y muy valiosa para mí también.”
Una obra que empezó en 2022 y que terminó hablando de la vejez
“Destino” no nació este año. La obra comenzó su recorrido desde 2022 y ha pasado por diferentes espacios y procesos antes de llegar a esta temporada en el Centro Cultural Helénico.
Lo interesante es que durante ese recorrido la pieza comenzó a generar lecturas que Sandra Martínez no necesariamente había planteado desde el inicio. Una de ellas tiene que ver con la vejez y la soledad de las mujeres mayores.
La creadora vive en Chiapas, donde la realidad cotidiana terminó alimentando, de manera casi inconsciente, algunos de los elementos que aparecen en Trini.
“De pronto, sin darme cuenta, me di cuenta, descubrí que había algo de eso que yo veo todos los días: estos cuerpos, estas mujeres.”
Martínez habla particularmente de las mujeres mayores que observa en San Cristóbal de las Casas, muchas de ellas trabajando en mercados y sosteniendo económicamente a sus familias.
Son mujeres que, pese a su edad, continúan cargando responsabilidades familiares y económicas, mientras enfrentan condiciones de vulnerabilidad y, en muchos casos, soledad.
La obra, por ello, ha comenzado a provocar conversaciones que van incluso más allá del teatro.
“No se ha llegado a temas hasta de políticas públicas. Qué políticas públicas hay para el cuidado de este sector.”
El espectador también construye la obra
Uno de los aspectos más singulares de “Destino” es que, al eliminar la palabra y los objetos, obliga al público a completar aquello que está viendo.
Cada espectador puede imaginar los espacios, los objetos y hasta determinadas acciones a partir de los movimientos de la actriz y del acompañamiento musical.
Para Martínez, esa participación imaginativa se ha convertido en uno de los mayores regalos que le ha dado el montaje.
“Como no hay palabra, como no hay objetos, la gente está invitada a seguirme casi al cien por ciento.”
Y esa ausencia se transforma paradójicamente en una forma de libertad.
“Logran construir las imágenes en su imaginación y pueden ver las cosas.”
La música en vivo, a cargo del compositor y diseñador sonoro Félix Bailón Salgado, funciona como otra pieza fundamental. El sonido no solamente acompaña las acciones: construye atmósferas y dota de presencia al pájaro que nunca aparece físicamente.
De Chiapas a la Ciudad de México
Para Sandra Martínez, llevar “Destino” al Foro La Gruta representa también una oportunidad para que el trabajo escénico desarrollado desde el interior de la República tenga presencia en la Ciudad de México.

La obra forma parte de la programación Horizontes, una categoría destinada a propuestas provenientes de distintos estados del país.
La temporada se llevará a cabo del 28 de agosto al 6 de septiembre de 2026, con funciones los viernes a las 20:00 horas y sábados y domingos a las 18:00 horas en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico.
Más allá de la historia de Trini, la creadora considera que “Destino” también representa una historia personal de resistencia y autogestión.
“He descubierto que se pueden lograr las cosas. De pronto surge una fortaleza que no era consciente que poseía.”
Y quizá esa sea otra de las lecturas de “Destino”: aprender a reconocer que ninguna creación pertenece completamente a una sola persona.
“Aunque esté sola, se necesita la ayuda y está ahí. Y en ese momento se vuelve de todos. Ya no es mío el trabajo, es un poco de todos los que estamos involucrados.”
“Destino” propone, finalmente, una pregunta que no necesita ser pronunciada en escena: ¿somos capaces de amar sin convertir el amor en una forma de posesión?
Porque quizá dejar ir no significa abandonar aquello que amamos. Quizá significa comprender que amar también puede ser aceptar que algunas cosas tienen su propio destino.



