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Cecilia Carbonell se convierte en Yolanda Miranda: “Mi objetivo no era imitarla, era estar a la altura de esa energía”

La actriz uruguaya interpreta a la madre de Thalía en Timbiriche, la nueva serie de ViX que reconstruye los años en que un grupo de niños se convirtió en uno de los mayores fenómenos juveniles de México

Por: Rodrigo Pujol Del Toro

Antes de convertirse en una de las figuras más reconocibles de la música y la televisión latinoamericana, Thalía fue una niña que comenzó a construir su carrera dentro de Timbiriche. Detrás de ese proceso estuvo también Yolanda Miranda, su madre, una mujer que acompañó de cerca sus primeros pasos y que, de acuerdo con la interpretación de Cecilia Carbonell, entendió muy pronto que su hija tenía un potencial artístico que podía llevarla mucho más lejos. Ahora esa historia llega a la pantalla con Timbiriche, la nueva serie original de ViX inspirada en hechos reales, y Carbonell tiene uno de los retos más delicados del proyecto: interpretar a una mujer que existió, que fue parte de una historia conocida por millones y que está estrechamente vinculada con la vida de una de las artistas más famosas de México.

La serie se estrena el 9 de octubre de 2026 y tendrá nuevos episodios cada viernes. ViX la presenta como una ficción inspirada en hechos reales que reconstruye el nacimiento del grupo y el camino de sus integrantes desde sus primeras audiciones y ensayos hasta convertirse en un fenómeno de la cultura pop latinoamericana. La producción busca regresar a los años ochenta para mostrar no solamente los escenarios y el éxito, sino también la amistad, las rivalidades, las presiones, las decisiones personales y el costo de crecer bajo los reflectores.

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En entrevista, Cecilia revela que la historia que veremos en esta primera etapa tendrá un periodo muy concreto. “En esta primera temporada va a empezar en el 82, cuando surge el grupo, cuando ellos son niños, y va a llegar exactamente, va a ser después de que se incorpora Thalía”, explica. De acuerdo con la actriz, la narrativa llegará aproximadamente hasta 1987, cuando los integrantes comienzan a experimentar nuevas inquietudes profesionales y aparecen las primeras motivaciones por desarrollar carreras independientes. Esto significa que la serie no pretende contar toda la trayectoria de Timbiriche en una sola etapa, sino concentrarse en los años de formación y en la transformación de aquel proyecto infantil en un fenómeno artístico.

La producción cuenta con un elenco que incluye a Macarena García como Sasha Sokol, Sebastián Poza como Benny Ibarra, Luis de la Rosa como Erik Rubín, Jesusa Ochoa como Alix Bauer, Iker Solano como Diego Schoening, Michelle Pellicer como Paulina Rubio, Clara Dalmao como Thalía, Sol Wainer como Mariana Garza y Andrea Chaparro como Edith Márquez, además de Osvaldo Benavides y Alberto Guerra. La dirección está a cargo de Humberto Hinojosa y la producción corre por cuenta de EL ESTUDIO.

Para Cecilia, llegar a Timbiriche fue prácticamente una casualidad. La actriz, originaria de Montevideo, encontró en redes sociales una convocatoria muy específica que buscaba actores mexicanos residentes en Uruguay o intérpretes uruguayos capaces de neutralizar su acento. “Me enteré por redes sociales que estaban haciendo un casting en Uruguay”, recuerda. En aquel momento el proyecto todavía se manejaba bajo otro nombre, Rompecabezas, por lo que Carbonell no sabía que estaba audicionando para una ficción relacionada con Timbiriche. El descubrimiento llegó cuando recibió el guion y encontró el nombre del personaje: Yolanda Miranda.

La primera audición tampoco fue sencilla. Cecilia grabó un self-tape prácticamente sola, interpretando incluso las réplicas de los demás personajes. Sin embargo, el equipo vio potencial y le pidió una segunda prueba en la que pudiera interactuar con otra persona. “Sí, fue completamente distinta la propuesta”, cuenta. Una amiga la ayudó a realizar la segunda audición y, después de aproximadamente dos meses de incertidumbre, llegó la confirmación: había conseguido el papel que se convertiría, hasta ese momento, en el personaje más importante de su carrera.

El desafío era considerable porque Yolanda Miranda no es un personaje completamente ficticio. Cecilia sabía que tendría que representar a una mujer que muchas personas recuerdan, sobre todo quienes conocen la historia de Thalía, y que cualquier decisión actoral podía ser comparada con fotografías, entrevistas, recuerdos y relatos. Por eso comenzó un proceso de investigación que incluyó videos, entrevistas y materiales escritos sobre la familia. Encontró particularmente útil una entrevista de Yolanda que, según cuenta, llegó a mirar una cantidad incontable de veces porque existe poco material audiovisual de ella.

Pero Carbonell tomó una decisión fundamental: no quería hacer una imitación. “Mi idea nunca fue imitar, porque uno cuando le llega a un personaje que sí tuvo vida en la vida real, puede cometer, para mí, el error de imitar”, explica. Para ella, reproducir exactamente la voz, los movimientos o los gestos podía producir una copia superficial; lo importante era entender qué energía tenía aquella mujer y desde ahí construir una interpretación propia. “Mi objetivo no era imitar, mi objetivo era más bien estar a la altura de esa energía”, resume.

Esa búsqueda llevó a Cecilia incluso a observar referencias familiares alrededor de Thalía para comprender mejor el entorno en el que creció. La actriz ya tenía una conexión especial con Thalía porque había sido admiradora de ella desde niña. Recuerda haber visto sus telenovelas y cuenta una coincidencia particularmente simpática: debido a su cabello rizado y despeinado cuando era pequeña, algunos amigos llegaron a llamarla “Thalía” o “María Mercedes”. La actriz, por lo tanto, no solamente conocía a la estrella; tenía una relación emocional previa con el imaginario popular alrededor de ella.

Sin embargo, interpretar a Yolanda implicaba descubrir a la mujer que existía detrás de esa figura pública. Carbonell se interesó especialmente por el núcleo familiar y la presencia de una fuerte energía femenina alrededor de Thalía. A partir de las entrevistas y documentos que encontró, buscó comprender cómo había sido el contexto de la familia y cómo la pérdida del padre de Thalía durante su infancia había influido en aquella dinámica. No se trataba de construir una biografía documental, sino de encontrar elementos que permitieran comprender emocionalmente al personaje.

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En la serie, esa Yolanda aparece como madre, protectora, representante y estratega. Cecilia explica que su personaje detecta rápidamente el potencial artístico de su hija y decide explotarlo. “Yo creo que Yolanda vio el potencial artístico que traía su hija y lo explotó”, señala. Pero la palabra “explotó” adquiere aquí una dimensión interesante: no necesariamente como abuso, sino como la decisión de reconocer una capacidad y convertirla en una posibilidad profesional dentro de una industria especialmente complicada.

Yolanda también aparece como una mujer que sabía moverse. Para Cecilia, esto resulta particularmente importante porque estamos hablando de los años ochenta, una época en la que la industria audiovisual y televisiva estaba fuertemente dominada por hombres. La actriz considera que su personaje entendió cómo tocar puertas, con quién hablar y cómo utilizar las herramientas que tenía para conseguir oportunidades para su hija. “Para moverse como mujer en los ochenta, en una industria totalmente de hombres, como es el audiovisual, como son las televisoras, realmente Yolanda supo por dónde moverse”, explica.

Pero esa capacidad para abrir puertas también genera uno de los conflictos más interesantes de la historia. Yolanda puede impulsar a Thalía, pero también puede querer decidir por ella. Al principio, cuando la niña está comenzando, la relación puede sentirse como una alianza: la madre detecta el sueño, encuentra oportunidades y la hija comienza a descubrir que aquello que imaginaba puede convertirse en realidad. Sin embargo, conforme Thalía crece y empieza a desarrollar una personalidad propia, aparece inevitablemente la pregunta sobre quién tiene derecho a decidir sobre su futuro.

“Conforme Thalía cada vez empieza a hacerse más y más y más adulta, como que empieza a confrontar mucho ya con su mamá porque empieza a querer tener sus propias decisiones sobre su propia carrera”, explica Cecilia. Esa tensión será una de las líneas dramáticas de la serie y permite mirar la historia desde una perspectiva distinta: no solamente como el nacimiento de una estrella, sino como el proceso de una hija intentando separarse profesionalmente de la mujer que la ayudó a construir su camino.

La actriz considera que Yolanda era perfectamente consciente de las herramientas que utilizaba. No la interpreta como una mujer ingenua ni accidentalmente poderosa. “Creo que Yolanda es 100% consciente de lo que hace”, afirma. Desde su perspectiva, la mujer sabía qué puertas tocar y qué estrategias utilizar, incluso aquellas que hoy podrían generar cuestionamientos. Para Cecilia, eso no significa necesariamente que el personaje deba ser juzgado, sino comprendido dentro del contexto de la época.

Ese es precisamente uno de los retos que enfrentan las historias basadas en personas reales: la distancia entre juzgar a un personaje y defenderlo desde la actuación. Cecilia sabe que habrá espectadores que cuestionarán determinadas escenas, especialmente porque varios de los protagonistas reales siguen vivos y porque Timbiriche forma parte de la memoria de varias generaciones. La actriz incluso reconoce que no se siente completamente preparada para la reacción pública.

“Este es el primer personaje fuerte de mi carrera”, confiesa. Hasta ahora había interpretado personajes más pequeños, participaciones de pocas escenas o papeles secundarios. Yolanda representa algo distinto: estará presente durante varios capítulos y, además, es una mujer que puede generar opiniones encontradas. “Voy a estar varios capítulos, no solo uno. Y además con el plus de que interpreto a alguien que vivió y que puede ser controversial”, explica.

La serie, de hecho, llega con una responsabilidad adicional porque Timbiriche no pertenece únicamente a quienes estuvieron en el grupo. Pertenece también al público. Sus canciones, sus integrantes y sus historias forman parte de una memoria colectiva que continúa viva décadas después. ViX describe precisamente al grupo como uno de los fenómenos juveniles más importantes de Latinoamérica y plantea la serie como una oportunidad para que una nueva generación conozca la historia que antecedió a las figuras que después se convirtieron en grandes estrellas.

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La reconstrucción de los años ochenta también representó un reto visual. Cecilia explica que el equipo de caracterización, encabezado por Antonio García, decidió no convertir a los actores en copias exactas de las personas reales. En su caso, esperaba que le cambiaran completamente el cabello porque Yolanda era rubia, pero el equipo optó por trabajar con sus propios rasgos. Su cabello rizado terminó siendo un elemento aprovechado para construir una estética ochentera, con volumen, textura y una caracterización que buscaba evocar la época sin convertirla en una reproducción literal.

“No nos vamos a meter en cosas así como súper alineadas, así como que sean prácticamente idénticas”, recuerda que le dijeron. El vestuario y maquillaje sí están diseñados para transportar al espectador a los años ochenta, pero existe una decisión deliberada de no hacer que los actores parezcan clones fotográficos de los personajes históricos. Esa estrategia permite que la producción conserve una identidad propia y, al mismo tiempo, mantenga el reconocimiento de las figuras que representa.

Para Cecilia, el viaje a Uruguay para grabar adquirió además un significado personal. La actriz llegó a Ciudad de México en 2019 y estudió neutralización de acento con Ortos Soyuz en 2020. Su dossier señala que ha desarrollado una carrera entre Uruguay y México, con trabajos en cine, cortometrajes y televisión, además de participaciones recientes en Mamita y Un Buen Divorcio, donde interpreta a Jacinta. Cecilia Carbonell

Regresar a Uruguay para trabajar fue diferente a volver simplemente de vacaciones. “Hace ocho años atrás, desarmé toda mi vida y la puse en una maleta y me vine a vivir acá a México”, cuenta. Por eso le resultó particularmente significativo que esta vez un trabajo profesional fuera el motivo para regresar. La producción le permitió estar cerca de sus padres y su hermano mientras continuaba construyendo su carrera.

Incluso el acento se convirtió en parte de la experiencia. Como buena parte del equipo estaba en Uruguay, Cecilia tuvo que trabajar nuevamente para evitar que el acento uruguayo reapareciera durante las escenas. Un coach de acento neutro la acompañaba desde maquillaje y vestuario con conversaciones cotidianas para detectar cualquier palabra o entonación que pudiera delatarla. “Desde ahora, como mexicana”, recuerda que le marcaba el coach cuando alguna expresión uruguaya volvía a aparecer.

Timbiriche representa así mucho más que una nueva producción para Cecilia Carbonell. Es su primer personaje de gran peso, una oportunidad de trabajar en una historia conocida por millones y, al mismo tiempo, una experiencia que la llevó de regreso al país donde nació. Su dossier destaca que la actriz tiene una marcada facilidad para la comedia, además de trabajos previos en cine y series, y que simultáneamente estrena El Círculo en Netflix el 7 de octubre.

Ahora tendrá que enfrentarse a uno de los desafíos inevitables de las historias basadas en figuras reales: la mirada del público que cree conocer la historia de antemano. Cecilia no pretende tener la última palabra sobre Yolanda Miranda. Su objetivo es mucho más sencillo y, quizá por eso, más difícil: que resulte creíble.

“A mí no me importa si me veo bien, si me veo mal, si dije esto así o así. Si es creíble, si viendo las escenas donde estoy, la gente dice, esto podría haber sido así”, afirma. Para ella, ese sería el mejor reconocimiento posible: que el espectador pueda mirar una escena y pensar que, aunque no estuvo ahí, quizá las cosas pudieron haber sucedido de esa manera.

Y ahí está el verdadero reto de Timbiriche: no solamente contar una historia que el público cree conocer, sino conseguir que durante unos episodios vuelva a sentirse nueva. Antes de las grandes carreras de Thalía, Paulina Rubio, Erik Rubín y los demás integrantes, hubo niños, familias, sueños, rivalidades, decisiones y adultos tratando de abrirles camino. ViX apuesta por mirar precisamente ese momento en el que todavía no eran leyendas.

Para Cecilia Carbonell, ser Yolanda Miranda significa entrar en esa memoria colectiva desde otro lugar: desde la mujer que estuvo detrás de una niña que terminaría convirtiéndose en una de las grandes estrellas de la música mexicana. Y si consigue que el público mire una escena y piense “esto pudo haber sido así”, habrá cumplido con lo que ella considera el objetivo más importante de cualquier actor: hacer que la ficción parezca, aunque sea por un instante, una posibilidad de la realidad.

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