El intercambio masivo de pulseras, photocards y artículos coleccionables en los recintos musicales se enfrenta a una línea jurídica muy delgada entre la pasión del fandom y la infracción de marcas registradas.
Por: Rodrigo Pujol Del Toro
Intercambiar pulseras, regalar photocards holográficas, stickers o llaveros en las filas de los conciertos se ha convertido en un lenguaje universal y entrañable entre las comunidades de seguidores o fandoms. Sin embargo, en una metrópoli como la Ciudad de México —donde la industria del espectáculo registra una actividad constante con un volumen masivo de mercancía hecha por admiradores— surge una interrogante ineludible: ¿hasta dónde llega la creatividad antes de infringir la ley?
Para dimensionar la magnitud de este fenómeno, basta observar el impacto financiero del sector en el país. De acuerdo con la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México (CANACO SERVYTUR), los conciertos de BTS generaron una derrama económica de 1,861 millones de pesos, mientras que las presentaciones de Bad Bunny estimaron 3,228 millones de pesos. A escala global, analistas como Deep Market Insights calculan que el mercado de conciertos alcanzó un valor de 233 millones de dólares, con una proyección de crecimiento sostenido del 5.8% anual.
El mito de que «si es gratis, no es delito»
Existe una creencia popular muy arraigada de que, al no mediar una transacción económica directa, el uso de la imagen de un artista o sus logotipos está exento de consecuencias legales. No obstante, especialistas en propiedad intelectual de la firma Arochi & Lindner advierten que la ausencia de un precio de venta no convierte automáticamente a un artículo en un uso autorizado.
Un seguidor puede fabricar cientos de piezas y repartirlas sin costo, pero si dicha actividad impulsa el crecimiento de una cuenta personal en redes sociales, atrae seguidores con fines de lucro o promociona un emprendimiento indirecto, ya existe una ventaja comercial. En México, la distribución no autorizada de elementos protegidos puede constituir una infracción a los derechos de autor, la propiedad industrial y el derecho a la imagen, sin importar que el objeto haya sido elaborado de manera artesanal.
Claves para crear freebies seguros y originales
Para que los seguidores continúen celebrando a sus artistas favoritos sin correr riesgos legales, la firma jurídica comparte tres recomendaciones prácticas:
- Inspiración, no replicación: En lugar de emplear logotipos oficiales de giras o fotografías con derechos reservados, se aconseja apostar por ilustraciones originales inspiradas en las letras de las canciones, los colores representativos de la era musical o elementos icónicos.
- Cuidado con las fuentes visuales: Descargar una imagen directamente de buscadores o plataformas públicas no implica que sea de dominio libre. Es fundamental utilizar arte propio o contar con las autorizaciones correspondientes.
- Respeto a las marcas registradas: Evitar el uso de nombres oficiales o tipografías idénticas a las de los artistas, ya que suelen encontrarse protegidos legalmente ante instituciones como el IMPI.
Para conocer más sobre la asesoría jurídica especializada en la protección de activos intangibles, puedes visitar el sitio web oficial de la firma en www.arochilindner.com.
Nota del editor: Celebrar la música y la pasión de los fandoms es una de las expresiones más bellas de la cultura contemporánea; hacerlo con creatividad original y respeto por el trabajo de los creadores garantiza que la fiesta nunca se detenga. ¡A seguir creando con talento!
Para contactar al editor escribe: editor@thunder.mx.
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