Ingresos líquidos y trabajo sin fronteras: la revolución fintech que impulsa Ontop

Por qué el modelo multi-ingreso está cambiando cómo trabajan y cobran los profesionistas en México

Por Rodrigo Pujol Del Toro

Un día laboral típico en México ya no se parece a una quincena tradicional. Para una diseñadora en la Ciudad de México, el ingreso puede llegar en dólares desde una startup en Estados Unidos, en euros desde una agencia europea y en pagos pequeños por colaboraciones digitales o creación de contenido. Ninguna de esas empresas es “su patrón” en el sentido clásico, pero todas forman parte de su economía personal. El trabajo ya es global, fragmentado y flexible. El problema es que el dinero todavía no lo es.

Ahí se abre una de las brechas más costosas —y menos visibles— del mercado laboral actual: trabajamos en tiempo real, pero cobramos con sistemas pensados para un mundo de un solo empleador, pagos locales y ritmos fijos. México lo vive de forma intensa. Empleo formal, freelance, honorarios, plataformas digitales y economía informal conviven en un mismo ecosistema, donde para millones de personas “tener trabajo” significa combinar múltiples fuentes de ingreso.

La digitalización aceleró este fenómeno. Conseguir clientes internacionales, vender servicios online o monetizar audiencias nunca fue tan accesible. Lo complejo sigue siendo cobrar sin fricción. Comisiones elevadas, tipos de cambio desfavorables, tiempos de espera, límites operativos y conciliaciones manuales convierten el cobro internacional en un desgaste silencioso. El talento se mueve rápido; la infraestructura financiera, no tanto.

Mientras el debate público intenta actualizarse —con discusiones sobre plataformas, esquemas híbridos y nuevas formas de protección laboral—, la pregunta diaria sigue siendo práctica: ¿cómo cobro rápido, con trazabilidad y sin perder dinero si mis ingresos vienen de distintos países, clientes y plataformas?

En ese punto entra Ontop, una startup nacida en Latinoamérica con presencia global que propone un cambio de enfoque. La empresa comenzó ayudando a compañías a contratar y pagar talento internacional con cumplimiento regulatorio. Hoy empuja una tesis más ambiciosa: lo que define como Global Work Fintech, una infraestructura diseñada no alrededor del empleador, sino del ingreso.

La lógica es clara y disruptiva. En lugar de preguntar cómo enviar una nómina, Ontop parte del flujo económico real y plantea otra pregunta: ¿cómo almacenar, organizar y mover ingresos múltiples de forma eficiente para quien trabaja y segura para quien paga? El resultado es una capa tecnológica que integra contrato, cumplimiento y pagos, permitiendo centralizar ingresos de distintas fuentes, operar con múltiples monedas y reducir la fricción en transferencias internacionales.

Para profesionistas en México que colaboran con clientes en Estados Unidos o Europa, el valor es inmediato: menos plataformas, menos pasos intermedios y mayor control del dinero. Para las empresas, la ventaja es poder pagar talento global de forma estandarizada sin construir una tesorería internacional propia ni navegar procesos distintos en cada país.

Julian Torres, cofundador y director general de Ontop, lo resume con una idea contundente: “Los próximos mil millones de trabajadores no tendrán un solo empleador, tendrán diez. Ontop está construyendo los rieles financieros para esa realidad”. Y agrega: “El fintech tradicional sigue basado en la lógica del empleador; nosotros construimos bajo la lógica del ingreso. El trabajo ya es líquido y el dinero debería moverse igual”.

La apuesta no es menor. El multi-ingreso dejó de ser excepcional. A escala global, se normaliza mezclar empleo formal con freelance, consultoría, proyectos on-demand, marketplaces y creación de contenido. La economía de los creadores acelera esta dinámica: las audiencias y las marcas se mueven rápido, pero los pagos suelen ser fragmentados y tardíos. En ese terreno, una infraestructura que prometa ingresos más ágiles, portables y transparentes se vuelve una ventaja competitiva.

Esta nueva categoría vive en un punto intermedio: combina la disciplina regulatoria del mundo corporativo, la experiencia de usuario del fintech de consumo y la programabilidad de la infraestructura moderna de pagos. La tesis es clara: el ingreso será portable, flexible y trazable, no atado a un solo empleador ni a un solo país.

Los desafíos persisten. Reguladores y bancos exigen controles sólidos; los trabajadores enfrentan volatilidad y la ausencia de beneficios tradicionales. Pero la dirección de fondo parece irreversible: la frontera entre empleado, contratista, creador y emprendedor es cada vez más delgada.

Si el trabajo se volvió líquido y global, el sistema financiero que lo sostiene tendrá que adaptarse. Para millones de profesionistas en México, la promesa es sencilla y poderosa: menos fricción, menos intermediarios y una vida financiera que refleje, por fin, cómo se gana el dinero hoy.

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