Clima impredecible, aeropuertos saturados y hospitalizaciones de hasta 10,000 dólares están redefiniendo cómo planeamos cada escapada.
Por Rodrigo Pujol Del Toro
El viajero moderno cambió. Ya no solo compara vuelos, revisa reseñas o busca el hotel más instagrameable. Hoy revisa el clima con lupa, deja márgenes de tiempo entre conexiones… y cada vez más integra algo que antes parecía opcional: un seguro de viaje.
En 2026, planear implica anticiparse. El clima puede modificar rutas, un aeropuerto puede ajustar operaciones sin previo aviso y un destino puede estar más saturado de lo previsto. Lejos de frenar las ganas de salir, este escenario impulsó una nueva mentalidad: viajar sí, pero con respaldo.
Actualmente, casi ocho de cada diez personas consideran importante contar con un seguro cuando viajan al extranjero, y cuatro de cada diez lo contratan incluso para trayectos dentro de su propio país. No es paranoia, es experiencia acumulada.
El costo real de improvisar
Una hospitalización puede superar los 10,000 dólares en destinos como Estados Unidos o Japón. Una simple consulta, estudios médicos o una noche en observación pueden disparar el presupuesto de cualquier viaje. Frente a eso, una póliza representa apenas una fracción del gasto total.
Por eso, el seguro dejó de verse como un gasto extra y empezó a considerarse parte del itinerario, al mismo nivel que el hospedaje o el transporte. Porque el viaje perfecto no es el que no tiene imprevistos, sino el que sabe cómo manejarlos.
Desde IATI Seguros explican que el cambio no responde al miedo, sino a la conciencia. “Viajar hoy implica aceptar que no todo se puede controlar, pero sí que existen decisiones que ayudan a reducir la incertidumbre. La prevención no limita la experiencia, al contrario, permite viajar con mayor tranquilidad al saber que hay respaldo si ocurre alguna eventualidad”, menciona Alfonso Calzado, CEO de IATI Seguros.
Clima cambiante y nuevas reglas del juego
En los últimos años, las variaciones climáticas se volvieron parte de la ecuación. Temporadas de huracanes más activas, lluvias atípicas o cambios bruscos de temperatura influyen directamente en vuelos, carreteras y actividades turísticas. A eso se suma la alta concentración de viajeros en temporadas vacacionales, donde los ajustes operativos y las demoras forman parte del panorama.
El viajero actual lo sabe: la prevención es bienestar. Así como revisa el pronóstico antes de elegir fechas, también considera cómo protegerse ante cancelaciones, pérdida de equipaje o asistencia médica en destinos con infraestructura limitada.
Hoy las coberturas incluyen no solo gastos médicos, sino asistencia por videollamada, protección ante robo o daño del equipaje, reembolsos por demoras, cancelaciones y cobertura para actividades deportivas al aire libre. Es un respaldo integral para una experiencia completa.
De tendencia a hábito
Lo interesante es que esta mentalidad ya no es exclusiva de quienes viajan lejos. Cada vez más mexicanos integran la protección incluso en trayectos nacionales. No por dramatizar, sino por evitar estrés innecesario.
El nuevo viajero entiende algo clave: la libertad se disfruta más cuando existe respaldo. La seguridad no es exageración, es estrategia.
En un mundo donde la personalización, la tecnología y el bienestar dominan la conversación, viajar protegido se convirtió en una extensión natural del autocuidado. Porque si el lujo antes era volar en business, hoy es saber que pase lo que pase, hay alguien que responde.
Y en tiempos donde el clima cambia, los itinerarios se ajustan y el mundo se mueve rápido, la verdadera experiencia premium es esta: viajar ligero, pero viajar cubierto.
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