Alejandro Romero habla sobre el regreso de “El Eclipse”, una puesta que expone los secretos familiares, las tensiones sociales y las verdades incómodas que siguen vigentes en México

Por: Rodrigo Pujol
El teatro mexicano vuelve a mirar al universo creativo de Carlos Olmos con el regreso de “El Eclipse”, una obra que, pese a situarse en los años noventa, parece dialogar directamente con la realidad actual. A más de dos décadas del fallecimiento del dramaturgo, el montaje revive en una nueva temporada que confirma la vigencia de su mirada crítica sobre la familia, el poder y la identidad.
La puesta se presentará del 24 de marzo al 9 de abril en el Foro La Gruta, dentro del Centro Cultural Helénico, uno de los espacios más importantes para el teatro contemporáneo en la capital.
Para el actor Alejandro Romero, formar parte de este proyecto ha sido una experiencia particularmente enriquecedora. El intérprete se integró a la obra en su segunda temporada y desde entonces ha descubierto nuevas capas del texto y de la propuesta escénica.
“La obra ya tiene cuatro temporadas y para mí ha sido muy enriquecedor participar con actrices de gran trayectoria. Ha sido una gran oportunidad y un gran aprendizaje”, comenta el actor, quien comparte escenario con figuras como Gina Botello y Gabriela Núñez, entre otras.

Uno de los elementos más distintivos de esta puesta es su lenguaje escénico. A diferencia de un montaje tradicional, “El Eclipse” apuesta por el teatro de imágenes, donde los objetos cobran vida y se convierten en parte fundamental de la narrativa. Para Romero, este recurso representó un reto creativo que transformó su manera de actuar.
“Yo nunca había trabajado con teatro de imágenes. Animar objetos ha sido un reto, pero también un descubrimiento muy interesante”, explica.
La vigencia del texto de Olmos es, sin duda, uno de los pilares de esta nueva temporada. Aunque la historia se sitúa en la década de los noventa, los conflictos que retrata siguen presentes en la sociedad mexicana: las tensiones familiares, las imposiciones sociales, la corrupción política, el capitalismo y fenómenos contemporáneos como la gentrificación turística.
“Los textos siguen siendo muy vigentes. Las relaciones familiares, las imposiciones sociales, la corrupción política o la gentrificación son temas que seguimos viviendo hoy”, señala Romero.
La obra se desarrolla en la costa de Chiapas y gira en torno a un grupo de personajes que ocultan secretos que poco a poco salen a la luz. Romero interpreta a Mario, un personaje que llega desde fuera y cuya presencia altera el equilibrio del lugar.
“Mario llega a este sitio con un gran secreto. Cuando se descubre, detona diversas circunstancias entre los personajes”, adelanta el actor.
El título de la obra funciona también como metáfora. Así como un eclipse ha sido históricamente un fenómeno que despierta misterio y temor, en el montaje ocurre algo similar: las verdades ocultas emergen y cambian para siempre la vida de quienes las enfrentan.
“Es un evento sorpresivo. Como un eclipse, no sabes exactamente qué va a pasar, pero algo inevitablemente cambia”, explica Romero.

La adaptación actual del texto, realizada por Jimena M. Vázquez, ha evolucionado con cada temporada. El equipo creativo ha ido afinando el uso de objetos, movimientos y elementos visuales que enriquecen la experiencia escénica y ofrecen nuevas lecturas del texto original.
El resultado es una propuesta que combina drama familiar, crítica social y una puesta visualmente sorprendente, capaz de conectar con públicos jóvenes y adultos por igual.
“Queremos que la gente venga al teatro, que se divierta y que descubra todo lo que ocurre durante este eclipse”, concluye Romero.
Las funciones se realizarán de martes a jueves, y quienes adquieran sus boletos antes del inicio de temporada podrán acceder a un 30% de descuento en taquilla o a través del sitio del Centro Cultural Helénico.
Porque a veces, en el teatro como en el cielo, un eclipse no solo oscurece la luz: también revela aquello que permanecía oculto.
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