El último adiós a Valentino: Donatella Versace se viste de rojo y Naty Abascal le dedica una despedida que quedará en la historia de la moda

El funeral de Valentino Garavani en Roma reunió a las figuras más influyentes del lujo global y confirmó por qué fue considerado “el último emperador de la moda”.

Por: Rodrigo Pujol

Roma se vistió de silencio, elegancia y memoria. Este viernes 23 de enero, la basílica de Santa María de los Ángeles y de los Mártires fue el escenario del último adiós a Valentino Garavani, fallecido a los 93 años, una figura irrepetible que transformó la moda en un lenguaje universal de belleza, rigor y emoción.

A pocos metros de la histórica Piazza di Spagna, la mítica boutique de Valentino permaneció con el escaparate teñido de negro, roto únicamente por una frase que hoy adquiere un nuevo significado: “I love beauty, it’s not my fault”. Una declaración que resume una vida entera dedicada a la estética, al detalle y a la feminidad entendida como arte.

Desde el miércoles, la capilla ardiente instalada en la sede de la maison en Piazza Mignanelli recibió a diseñadores, celebridades, estudiantes y admiradores que hicieron fila para despedirse del creador. La escena era sobria y profundamente simbólica: una alfombra blanca, luz tenue, música clásica y un retrato en blanco y negro del diseñador presidían el espacio.

Uno de los primeros en llegar fue Giancarlo Giammetti, su expareja y socio histórico, quien recordó ante la prensa una de las grandes lecciones del maestro: “Enseñó a no ridiculizar nunca a la mujer con vestidos que no le pertenecían, que no fueran un disfraz”. Una filosofía que definió décadas de alta costura.

Entre los momentos más emotivos destacó la presencia de Naty Abascal, musa eterna y amiga íntima de Valentino. La española se dijo “una privilegiada” por haber compartido tantos años a su lado y le dedicó palabras que resonaron más allá del mundo de la moda: “Gracias por tu generosidad infinita, por tu sensibilidad y por haber elevado la moda a la categoría de arte eterno”. Un mensaje que sintetiza el impacto humano y creativo del diseñador.

La despedida también estuvo marcada por un gesto poderoso. Donatella Versace rompió el luto tradicional y apareció vestida de rojo Valentino, un homenaje directo al color que convirtió en símbolo de deseo, sofisticación y fuerza femenina. El mismo tono que se hizo presente en una sola rosa, colocada junto al féretro, contrastando con el blanco absoluto del recinto.

El mundo de la moda respondió como pocas veces se ve. Anne Hathaway, Elizabeth Hurley, Tom Ford, Anna Wintour, Alessandro Michele y Pierpaolo Piccioli fueron solo algunos de los nombres que acudieron a rendir tributo. Michele, actual director creativo de la casa, confesó que Valentino fue para él “un ejemplo de vida” y que aún siente su presencia al recorrer los espacios donde trabajó.

El funeral confirmó algo que ya era evidente: Valentino no solo diseñó vestidos, creó una idea de eternidad. Un lugar donde la belleza no envejece, donde la elegancia no necesita ruido y donde la moda puede ser, al mismo tiempo, íntima y monumental.

Hoy Roma despide a su emperador. Pero su legado —hecho de pasión, disciplina, elegancia y amor por la belleza— seguirá caminando por pasarelas, alfombras rojas y sueños futuros. Porque como dijo uno de sus discípulos, “la muerte no existe cuando se ha creado algo eterno”.

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