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El auge del vino sin alcohol: ¿Por qué México se queda atrás frente a las nuevas reglas de Europa?

Descubre cómo el mercado global de bebidas desalcoholizadas crece a pasos agigantados mientras enfrenta un evidente vacío regulatorio en el país.

Por: Rodrigo Pujol Del Toro

En casi cualquier reunión o celebración ocurre una escena cotidiana e inevitable: siempre hay alguien que decide no consumir alcohol. Ya sea por ser el conductor designado, por embarazo, por cuestiones de salud, entrenamiento físico o simplemente por el deseo genuino de moderar su consumo, las razones abundan. Durante décadas, la única alternativa real para este sector del público era resignarse a un refresco común o a un vaso con agua simple, limitando la experiencia social en la mesa.

Hoy en día, la industria global ofrece una alternativa sofisticada a través de vinos y destilados desalcoholizados de alta gama. Mientras esta categoría se consolida como una de las tendencias con mayor dinamismo y crecimiento en el mundo, en México opera bajo un vacío normativo absoluto que urge ser atendido para brindar certidumbre tanto a productores como a consumidores.

A nivel internacional, los marcos legales ya han establecido pautas muy claras para proteger al cliente. En febrero de 2026, el Consejo de la Unión Europea aprobó etiquetas específicas como «sin alcohol» (hasta 0.5% de graduación), «0.0%» (hasta 0.05%) y «bajo en alcohol». Por su parte, Estados Unidos divide su supervisión entre agencias federales según el umbral del 0.5%, mientras que la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) cuenta con definiciones técnicas desde hace más de una década.

En contraparte, el mercado mexicano carece por completo de una Norma Oficial Mexicana (NOM), una definición jurídica específica o cifras institucionales públicas sobre el tamaño de este sector. No obstante, el apetito del consumidor nacional va en aumento. Expertos señalan que el paladar local está descubriendo estas opciones, encontrándolas cada vez más en cartas de restaurantes de lujo y hoteles exclusivos en destinos como Los Cabos, Cancún, Tulum y San Miguel de Allende.

Esta expansión contrasta fuertemente con el crecimiento general de la industria vitivinícola en el país, donde el consumo se ha disparado exponencialmente en las últimas dos décadas. Ante este escenario, abrir un debate técnico y legal en México se vuelve indispensable para garantizar la calidad, evitar malas prácticas y ordenar una categoría que llegó para transformar las celebraciones nacionales.

Nota del editor: Disfrutar de un buen momento en compañía no depende del grado alcohólico de nuestra copa, sino de la calidad de la convivencia y el respeto por las decisiones de cada quien. Abrir espacio a nuevas alternativas en la mesa demuestra que la verdadera hospitalidad evoluciona al ritmo de nuestras necesidades. ¡Brindemos siempre por el bienestar y la inclusión!

Para contactar al editor escribe: editor@thunder.mx.

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