Educar desde la tierra: cómo la composta puede cambiar la relación de las infancias con el planeta

En el Día Mundial de la Educación Ambiental, una práctica sencilla se convierte en la mejor lección de sostenibilidad para niñas y niños

Por: Rodrigo Pujol Del Toro

Cada 26 de enero se conmemora el Día Mundial de la Educación Ambiental, una fecha clave para reflexionar sobre cómo estamos formando a las nuevas generaciones frente a los retos ecológicos del presente y del futuro. En este contexto, Saber Nutrir, el programa de responsabilidad social de Grupo Herdez, pone sobre la mesa una idea poderosa: la conciencia ambiental comienza en la infancia y se aprende mejor haciendo.

Hablar de medio ambiente con niñas y niños no se trata solo de explicar qué es la naturaleza, sino de involucrarlos activamente en prácticas cotidianas que les permitan entender los ciclos de la vida, el valor de los recursos y su papel como agentes de cambio. Separar residuos, reutilizar materiales y aprovechar alimentos dejan de ser conceptos abstractos cuando se convierten en experiencias reales.

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La composta: una lección viva de sostenibilidad

Entre todas las herramientas de educación ambiental, la composta destaca por su sencillez y poder educativo. A través de este proceso, las infancias descubren que los restos de frutas, verduras y otros residuos orgánicos no son basura, sino recursos que pueden regresar a la tierra para nutrirla.

Ver cómo los desechos se transforman en abono natural fomenta valores como la paciencia, la observación y la responsabilidad, al tiempo que refuerza una idea esencial: cuidar el planeta empieza con pequeñas acciones diarias, en casa y en la escuela. Además, estas prácticas suelen replicarse en familia, ampliando su impacto y sembrando una cultura de sostenibilidad que trasciende generaciones.

Cómo hacer una composta con niñas y niños

Implementar una composta es una actividad accesible que puede adaptarse a distintos espacios y edades:

  • Elegir un recipiente con tapa y pequeños orificios para ventilación.
  • Separar residuos orgánicos como cáscaras de frutas y verduras, restos de café o bolsitas de té (evitando carnes y lácteos).
  • Agregar material seco como hojas, cartón sin tinta o aserrín.
  • Intercalar capas de residuos orgánicos y material seco.
  • Mezclar una vez por semana para oxigenar y observar los cambios.
  • Usar el abono resultante en plantas, huertos o áreas verdes.

Más allá del resultado, el verdadero valor está en el proceso: entender los ciclos naturales de los alimentos y el suelo.

Educación ambiental que nutre comunidades

Para Saber Nutrir, estas prácticas también fortalecen el vínculo entre alimentación, cuidado del suelo y bienestar comunitario. Apostar por la educación ambiental desde edades tempranas es sembrar hábitos conscientes que impactan positivamente en la salud, el entorno y la calidad de vida.

En este Día Mundial de la Educación Ambiental, el mensaje es claro: enseñar a cuidar el planeta no requiere grandes discursos, sino acciones simples y cercanas. La composta es una de ellas, y al integrarla en la vida cotidiana de niñas y niños, se cultiva hoy la conciencia que protegerá los recursos del mañana.

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