El cineasta suizo Germinal Roaux estrena en México una de las obras más íntimas y luminosas de su carrera}

Por: Rodrigo Pujol
El próximo 19 de febrero, llega a salas Cosmos, el nuevo largometraje del cineasta suizo Germinal Roaux, una obra profundamente espiritual, íntima y honesta que explora la amistad, la vejez y los encuentros inesperados al final de la vida, con Yucatán como territorio físico y emocional.
Tras su paso por festivales internacionales, Cosmos se presenta como una película que no busca respuestas fáciles, sino acompañar al espectador en un proceso de contemplación: del tiempo, del cuerpo que envejece, de la naturaleza y de aquello que permanece cuando todo lo demás comienza a desvanecerse.
La historia nace de una experiencia personal de Roaux en Yucatán, hace casi quince años, mientras realizaba un trabajo fotográfico en una comunidad maya. Ese contacto con la gente, el paisaje y la luz del lugar sembró la semilla de una película que tardó más de una década en tomar forma, y cuyo resultado cruza la ficción con una raíz documental profundamente respetuosa.
Filmada en blanco y negro, hablada en maya y español, Cosmos evita la solemnidad y el artificio para mirar de frente a la muerte como parte natural del ciclo de la vida. La cámara observa, acompaña y respira junto a sus personajes, haciendo del silencio y la luz elementos narrativos tan importantes como el diálogo.
La película está ambientada en un pequeño pueblo de Yucatán y gira en torno al encuentro entre Lena, una viuda de 68 años enferma, interpretada por Ángela Molina, y León, un hombre maya de 62 años, guardián de la naturaleza y los espíritus, encarnado por Andrés Catzin, quien está a punto de perder su hogar.
Después de dejar la Ciudad de México y mudarse a la selva, Lena encuentra en León una compañía inesperada. A pesar de provenir de mundos radicalmente distintos, entre ambos surge una amistad profunda, hecha de miradas, silencios compartidos y una comprensión que va más allá del lenguaje.
Ángela Molina, figura clave del cine europeo desde los años setenta y colaboradora de cineastas como Luis Buñuel, ofrece una interpretación contenida y poderosa. Frente a ella, la presencia de Andrés Catzin —actor natural maya— se convierte en el corazón emocional de la película, aportando una conexión genuina con la tierra, el ritmo del entorno y la cosmovisión ancestral.
Para Roaux, esta colaboración fue fundamental: la relación entre ambos personajes no estaba completamente escrita, sino que se fue construyendo durante el rodaje, permitiendo que la vida real permease la ficción.
La luz y el paisaje de Yucatán no funcionan solo como escenario, sino como personajes vivos que dialogan con los temas centrales del filme: la amistad, la vejez, la muerte, el universo maya y el amor como vínculo esencial de la experiencia humana.
Cosmos no es una película para consumir con prisa. Es una obra que invita a detenerse, a observar y a reconciliarse con aquello que normalmente evitamos mirar. En un momento donde el cine suele buscar el impacto inmediato, esta propuesta apuesta por lo sutil, lo humano y lo profundamente espiritual.
Sinopsis
En un pueblo olvidado de Yucatán, Lena, una viuda de 68 años, cruza caminos con León, un guardián maya de 62 años que conoce los secretos y espíritus de la naturaleza. A pesar de sus diferencias y sus mundos aparentemente opuestos, se forma una profunda conexión entre ellos. Cosmos es un relato filosófico sobre el envejecimiento, sus transformaciones silenciosas y el vínculo esencial del amor en la vida humana.
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