Omar Adair en “¿Quieres ser mi novia?”: el “Asesor” que todos necesitamos y nos recuerda que la amistad también salva romances.

Entre risas, dilemas de edad y decisiones que pesan, el actor convierte a su personaje en el consejero más inesperado (y entrañable) del cine mexicano: “Miren a su alrededor… seguro hay un Mario por ahí cerca”

Por Rodrigo Pujol Del Toro

Hay personajes que llegan a una historia como un chiste perfecto: entran, sueltan una línea, roban escena y se van. Y luego está Mario, el divertido y excéntrico asesor de imagen que interpreta Omar Adair en ¿Quieres ser mi novia?, una comedia romántica que ya está disponible en salas de todo el país desde el 12 de febrero y que luego podremos ver en VIX. Su papel es crucial, no sólo porque funciona como catalizador emocional, sino porque se convierte en ese amigo que te acompaña cuando todo el mundo opina… y tú no sabes ni por dónde empezar.

En entrevista para Thunder, Omar lo explica con una claridad que se siente cotidiana: Mario es el “consejero” que muchas veces buscamos sin siquiera darnos cuenta. Está ahí, escucha, sostiene, te ubica… y lo hace sin juicio. Ese es el punto fino del personaje: su humor no es un escudo, es una herramienta para sobrevivir al caos romántico.

En ¿Quieres ser mi novia?, el corazón del conflicto gira alrededor de Lucía (interpretada por Ludwika Paleta), quien está a punto de alcanzar un nuevo puesto en su trabajo cuando su vida sentimental entra en modo “tormenta con probabilidad de memes”. En ese nuevo escenario aparece Eduardo, interpretado por Iván Sánchez, “un hombre ya mayor, bien posicionado, muy atractivo”, como lo describe Omar. Y, del otro lado, vuelve el universo emocional que ya venía cargado desde ¿Quieres ser mi hijo?, con el personaje de Juanpa Zurita.

Omar lo resume así, con esa vibra de quien ya vio al público reaccionar en la sala: “Viene todo este dilema de relacionarse con el mundo y con una sociedad que muchas veces juzga estas diferencias de edad”. Y ahí es donde la película encuentra su carne: no sólo se trata de elegir entre dos opciones románticas, sino de enfrentarte a lo que la gente cree que “deberías” elegir.

En medio de esa tensión entra Mario, quien trabaja de cerca con Lucía en el canal de televisión y se vuelve su brújula emocional. “Funge un poco como este amigo que te acompaña en estos momentos para tomar una decisión… cuando no sabemos hacia dónde caminar”, dice Omar, dejando claro que el personaje tiene un rol que va más allá de lo cómico. En pantalla, Mario es el tipo de presencia que te empuja a ser honesto contigo, aunque te cueste.

Y ojo, no está solo. Omar revela que hay un trío que sostiene gran parte de la dinámica emocional: “Junto con el personaje también de Yuriria del Valle, que interpreta a Magis. Entonces hay un trío ahí interesante con Ludwika… durante toda la película”. Ese grupo funciona como un pequeño refugio en medio de la presión social, el ruido externo y el “qué dirán”.

La parte más interesante es cómo Omar Adair construye a Mario desde una búsqueda casi artesanal: no se limitó a llegar, aprenderse el guion y “hacer comedia”. Se propuso transformar el cuerpo, el ritmo y la voz para que el personaje se sintiera lejano a él, tangible, distinto, con identidad propia. “A mí siempre me ha gustado ponerme retos… aunque de por sí ya un personaje resulta complejo, como que le agrego otra capa”, confiesa.

El dato que más sorprende: bajó 10 kilos en dos semanas. No era una exigencia del guion ni una condición de la dirección. Fue una decisión personal para empujar la estética del personaje a otro lugar. “Quería como un cuerpo mucho más tonificado… llevo un tipo de vestuario que son unos chalecos… las manos, los brazos casi siempre los tiene descubiertos”, cuenta, revelando que venía de un proceso de volumen en el gym y decidió cambiarlo todo en tiempo récord para ajustarse a la imagen mental que tenía de Mario.

En un mundo donde muchas interpretaciones se van por la ruta fácil del estereotipo, Omar apostó por algo más específico: construir un personaje que se vea, se oiga y se sienta distinto desde los detalles. “Le propuse varias propuestas vocales… me grababa en casa con diferentes tipos de voz y se las mandaba… hasta que hubo una que pegó y me dijo: ‘Esta me gusta’”. Esa búsqueda de cadencia y ritmo es parte de lo que hace que Mario sea memorable: no es solo lo que dice, es cómo lo dice.

Además, el proceso lo vivió pegado a la directora Itzi Hurtado, quien tenía muy claro el tono del proyecto. Y para Omar, esa colaboración es donde ocurre la magia real: “Es bien interesante construir los personajes de la mano con las directoras… es ver materializado eso que la directora tiene en la cabeza y lo que el actor también está creando… una mezcla o una fusión”. Y cuando por fin llega el momento de entrar a set, vestuario y maquillaje incluidos, lo describe con una emoción que se nota genuina: “Algo pasa… no sé, algo sucede”.

Ese respeto por el oficio también se nota cuando habla de la dinámica del set. Omar llegó a un equipo que ya traía historia —por el vínculo con la película anterior—, pero el aterrizaje fue suave gracias a conexiones previas: ya había trabajado con Ludwika Paleta en Madre sólo hay dos y con Juanpa Zurita en Una pequeña confusión. “Ya teníamos un canal de comunicación… son personas muy generosas… me integraron muy fácil”, dice. Y remata con una verdad que aplica para cualquier industria creativa: “Pasamos tantas horas en el set… lo mejor es pasarlo bien siempre… compartes muchas veces más tiempo con ellos que con tu familia”.

Esa vibra se siente alineada con lo que la película promete: una historia para ir a reírte, sí, pero también para verte reflejado en algo incómodo, real y muy actual. Omar lo deja claro cuando habla de lo que quiere que el público se lleve: “Que la disfruten, que se diviertan… que vayan con su familia, con sus parejas, sus exparejas, sus crushs, sus casi algo”. Y en una frase que define el espíritu del estreno: “Hace falta muchas veces poner una pausa en medio de este mundo tan caótico… e ir al cine a pasar un buen rato”.

Hay una línea que vale oro porque encapsula el ADN de Mario como personaje y como símbolo:

“Miren a su alrededor, que seguramente hay un Mario por ahí cerca que está esperando de ustedes para que le compartan”.

Ahí está el secreto: Mario no es el asesor de imagen que “se cree mucho”. Mario es el amigo refugio. El que te acompaña sin juicio. El que te regresa la calma. El que te escucha cuando todos te están empujando a decidir rápido. Y si eso no te suena familiar, probablemente es porque todavía no has volteado a ver quién cumple ese rol en tu vida.

En lo personal, Omar atraviesa un momento de expansión. Actualmente, está haciendo una especialización en Madrid enfocada en interpretación frente a cámara y, además, adelanta que en un mes arranca un nuevo proyecto del que espera poder hablar pronto. Se le nota ilusionado por construir carrera también desde allá: “Trabajar desde acá y empezar a hacer proyectos acá también es emocionante… me ilusiona y me entusiasma mucho”.

Y cuando le pregunté qué le diría al joven Omar de Aguascalientes que soñaba con verse en pantalla grande, respondió como quien entiende que el camino se construye con hambre, disciplina y valentía: “Que va a llegar… que no tema, que no tenga miedo… que se lance siempre al vacío… que vaya por todas, siempre por todas”. No suena a frase motivacional: suena a actor que se ha ganado cada escalón con trabajo real.

Si andas buscando una película para reírte, para desconectarte un rato y, de paso, llevarte un recordatorio sobre lo importante que es tener amistades que te sostengan, ¿Quieres ser mi novia? se entiende como ese plan de cine que te cae bien. Y sí: tal vez salgas del cine con ganas de escribirle a tu “Mario”.

¿Ya la viste? Y si no, date la vuelta a la sala y cuéntame si encontraste al personaje más empático de la historia… o si te diste cuenta de que tú también has sido el Mario de alguien.

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