No es el drama lo que gana el Oscar: es este tipo de historia (y la Academia lo repite cada año)

Durante 25 años, el premio a Mejor Película ha seguido un patrón claro: menos género, más discurso. Así vota realmente la Academia.

Por: Rodrigo Pujol

Durante décadas se ha instalado una idea cómoda: “el drama siempre gana el Oscar”. Pero cuando se observa con lupa lo que la Academia ha premiado entre 2000 y 2025, la conclusión es otra. No todos los dramas son iguales y, sobre todo, no es el género lo que decide el Oscar, sino el tipo de historia que se cuenta.

La Academia no vota por emociones fáciles ni por éxitos de taquilla. Vota por narrativas con peso histórico, social o simbólico, por películas que se perciben como importantes. El cine comercial puro —aunque arrase en salas— sigue siendo un invitado incómodo.

El drama que sí gana (y el que no)

El drama encabeza las victorias, pero no cualquiera. Películas como Gladiator, 12 Years a Slave, The King’s Speech u Oppenheimer comparten algo más que solemnidad: están ancladas en hechos reales, figuras históricas o eventos que refuerzan una idea de relevancia cultural.

A ese grupo se suman dramas sociales como Nomadland, donde el comentario humano pesa tanto como la narrativa. Son historias que construyen prestigio simbólico, y en muchos casos también económico. La Academia premia aquello que considera trascendente.

El thriller solo entra si incomoda

El thriller ocupa el segundo lugar en victorias, pero jamás como entretenimiento puro. Para ganar, debe cuestionar estructuras de poder, moral o desigualdad. The Departed, No Country for Old Men, The Hurt Locker»,»2008″], Argo y Parasite demuestran que el suspenso solo es bienvenido cuando es político, moral o profundamente incómodo.

Parasite marcó un quiebre: confirmó que el cine de género puede ser popular y, al mismo tiempo, una bofetada social. Ese es el tipo de riesgo que la Academia sí celebra.

La comedia: bienvenida… con permiso

La comedia sigue siendo rara en el Oscar. Las que han ganado lo hicieron diluyendo la risa en otros registros. Birdman, Green Book, CODA, The Artist y Anora confirman la regla: la comedia sola no basta; necesita nostalgia, drama familiar o comentario social para ser “legítima”.

Fantasía y ciencia ficción: excepciones vigiladas

La fantasía apenas ha cruzado la puerta dos veces, y como anomalía artística. The Lord of the Rings: The Return of the King fue un reconocimiento acumulativo; The Shape of Water se impuso por su lectura política y emocional. El mensaje es claro: la Academia no abraza la fantasía; la tolera cuando el consenso la eleva a evento.

El musical, la ciencia ficción y el drama deportivo aparecen con una sola victoria cada uno: Chicago, Everything Everywhere All at Once y Million Dollar Baby. Todos triunfaron por emoción desbordada, innovación formal o discurso universal. La acción, el terror y la comedia pura siguen prácticamente fuera del radar.

Entonces, ¿qué premia realmente el Oscar?

La conclusión es contundente: el Oscar no premia géneros, premia prestigio narrativo. Prefiere historias que se perciben como necesarias, morales o históricamente relevantes, incluso cuando su impacto comercial es moderado. El cine que el público consume masivamente sigue siendo ignorado.

De cara a la gala de 2026, el patrón se mantiene. Dramas históricos y familiares parten con ventaja; thrillers con discurso pisan fuerte; y las apuestas de género solo parecen viables si rompen sus propias etiquetas. Al final, la pregunta no es qué género gana el Oscar, sino qué tipo de historia cree la Academia que merece ser recordada. Y, por ahora, la respuesta apunta siempre al mismo lugar: lo trascendente, antes que lo exitoso.

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