
Lo que parecía la apertura de un nuevo restaurante de alta cocina en Lima terminó siendo, en realidad, una acción creativa diseñada para visibilizar una problemática urgente pero poco visible: el desperdicio innecesario de alimentos de calidad en el país, y la falta de recursos logísticos para trasladar alimentos de los mercados que no fueron vendidos hacia quienes más los necesitan.
En el Perú, más de 12 millones de toneladas de alimentos no logran comercializarse cada año. Para dimensionar esta cifra, equivale a 140 estadios nacionales llenos de comida que no llegan a millones de personas en situación de vulnerabilidad, pese a que muchos de estos alimentos son en buen estado y hay voluntad de donación.
En ese contexto, Sarah Laughton, Representante en Perú del Programa Mundial de Alimentos (PMA), señaló: “Una tragedia del desperdicio de alimentos es que tienden a ser alimentos frescos de alto valor nutritivo los que terminan siendo desperdiciados. Son los mismos alimentos que muchas familias necesitan y no se pueden permitir, por falta de recursos para comprarlos”. Sarah añadió, “El transporte es un gran cuello de botella. Necesitamos nuevas formas de involucrar a la sociedad y demostrar que actuar está al alcance de todos”.
Así, los invitados llegaron esperando vivir una experiencia gastronómica, pero se encontraron con platos vacíos. Lejos de ser un error, cada plato funcionaba como un mensaje: un restaurante donde no se sirvió comida, porque el verdadero problema no era la falta de alimentos, sino la imposibilidad de hacerlos llegar.
Fue entonces cuando se reveló Kunka, una iniciativa impulsada por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas, que propone una nueva forma de entender el acceso a los alimentos y su impacto social.
Como parte de la experiencia, el PMA se alió con Daniel Bonifaz, referente del mundo fintech con miles de seguidores, quien generó expectativa al anunciar públicamente que su próxima inversión sería un restaurante. Sin embargo, el giro fue total cuando se reveló que esa inversión no era gastronómica, sino social: Kunka no era un restaurante, sino una plataforma digital de inversión de impacto que hace “real” la propuesta al permitir financiar, en esta oportunidad, la logística necesaria, transporte, almacenamiento y distribución, para que alimentos rescatados, frescos y de calidad, lleguen efectivamente a quienes más los necesitan.
De esta manera, la acción puso el foco en una de las brechas menos visibles del sistema alimentario. Aunque existen alimentos donados, organizaciones que los rescatan y comunidades que los requieren, muchas veces el proceso se limita por falta de recursos logísticos. Kunka articula ese esfuerzo colectivo, conectando a quienes donan, rescatan y reciben, y facilitando que el alimento complete su recorrido.
Desde lo creativo, la campaña apostó por construir una experiencia gastronómica completamente real, locación, montaje, servicio y narrativa, para luego subvertirla en un mensaje claro y contundente. Los platos vacíos se convirtieron en el principal vehículo
de la idea, transformando la expectativa de “ir a comer” en una reflexión directa sobre una ausencia crítica.
Para Carlos Altamirano, VP Creative de Digitas Perú, la clave estuvo en llevar la creatividad al límite de lo tangible: “Fue una locura hermosa: crear un restaurante completo que no era un restaurante. Nada de esto hubiera sido posible sin un equipo enorme detrás. Cuando la creatividad se junta con ganas reales de hacer algo distinto, la idea deja de ser un concepto y se convierte en una acción concreta”.
La activación, realizada en Lima con la participación de líderes de opinión, empresarios, medios e influencers, demostró cómo la gastronomía, un tema que conecta, convoca y despierta interés en todos, puede funcionar como un puente poderoso para llamar la atención, abrir la conversación y movilizar a la sociedad en torno a una causa urgente: hacer posible que los alimentos lleguen a quienes más los necesitan.