Del “Año del Villano” al reinado del tianguis, así será el verdadero mapa cultural, económico y social que marcará lo que compras, ves, vistes y deseas en México este año, predice el estudio TRENDO

Por Rodrigo Pujol Del Toro
Actualmente con tanta saturación de información, Gustavo Prado ha logrado descifrar el código de lo que viene. A través de su plataforma Trendo.mx, el analista más influyente del país presenta su esperado reporte anual, una radiografía exacta que va más allá de la moda para tocar fibras sobre la economía, el diseño y la tecnología. Este estudio es fundamental para cualquier estratega, ya que permite anticiparse a los cambios de humor del consumidor y entender los fenómenos culturales antes de que se vuelvan masivos.
Si alguien te dijo que 2026 sería un año suave, te mintió. Las señales ya están aquí y no vienen envueltas en discursos optimistas ni en promesas tecnológicas. El nuevo año se vive como un moretón colectivo: no grita, no amenaza, pero duele. Y deja marca. Así lo retratan las tendencias TRENDO 2026 en México, un espejo brutalmente honesto de cómo se mueve el consumo, la cultura, el entretenimiento y la vida cotidiana en un país donde el dinero alcanza menos, la paciencia es mínima y la informalidad dejó de ser excepción para convertirse en regla.
La palabra del año es “¡Auch!”. Auch cuando Netflix te cobra otro ajuste, auch cuando el súper sube sin avisar, auch cuando vestir, salir o viajar exige más creatividad que presupuesto. El crecimiento económico es bajo, el consumo se contrae y la clase media —la que sostenía al retail tradicional— empieza a desaparecer del radar. En este contexto, el precio manda, no los valores aspiracionales ni las narrativas bonitas.
Por eso 2026 es oficialmente el Año del Villano. Ya no celebramos al héroe perfecto, sino al antagonista que sobrevive como puede. El villano no busca venganza: lucha porque no hay de otra. Esa energía se cuela en la moda, en la música, en el cine y hasta en la estética del año, dominada por el morado-moretón, un color que entra suave como caballo de Troya, pero carga todo el golpe de una realidad áspera.
En el consumo, el mensaje es claro: la informalidad es lo normal. Más del 55% de la población trabaja fuera del sistema formal y eso redefine por completo dónde y cómo se compra. El tianguis, las tiendas locales y los canales híbridos se imponen sobre los grandes almacenes. El ecommerce sigue existiendo, pero representa una fracción mínima frente a la inmediatez: si genera fricción, se abandona. En 2026 nadie quiere crear cuentas, esperar envíos ni lidiar con devoluciones. Se quiere ver, tocar y llevar.
El Mundial 2026 aparece como el gran “hack” emocional y económico del año. No porque México tenga la mayoría de los partidos, sino porque activa turismo, experiencias, fan fests y consumo aspiracional accesible. El futbol deja de ser solo deporte y se convierte en lenguaje cultural total: moda, belleza, comida, bebidas, merch y narrativa digital. Aquí, las mujeres dominan la conversación, los estadios y las pantallas. Todas quieren verse al 100, incluso en medio del caos.
En moda, las restricciones oficiales abren la puerta a un universo alternativo: colaboraciones no oficiales, reinterpretaciones regionales, camisetas convertidas en ropa de gala cotidiana. El uniforme nacional ya no es el traje, es la playera, la gorra, el accesorio con significado emocional. Vestirse es pertenecer.
En alimentos y bebidas, México confirma su diferencia frente a Estados Unidos. Aquí no gana lo más novedoso, sino lo que llena, rinde y sabe familiar. La innovación solo funciona si ofrece ahorro o saciedad. Sabores extremos, combinaciones raras o promesas funcionales importan poco frente a la tradición adaptada. El limón sigue siendo rey, el picante una experiencia casi masoquista, y la calle el verdadero laboratorio creativo.
Mientras tanto, la narrativa de que “México será dominado por la IA” se desinfla fuera de las burbujas urbanas. El país no es tecnológico, es resiliente. Se trabaja en bienes, servicios e informalidad. Se usa WhatsApp, TikTok y radio, no plataformas futuristas. La inteligencia artificial cambiará cosas, sí, pero no al ritmo apocalíptico que se pronostica desde Silicon Valley.
Culturalmente, el país se fragmenta menos de lo que parece. Lo rural y lo urbano se mezclan, se contaminan y se reinterpretan. Las periferias dictan tendencias que luego llegan al centro. El regional mexicano, lo tumbado, las ferias, los eventos masivos fuera del circuito CDMX-GDL-MTY concentran millones de personas y una derrama que eclipsa a muchos festivales “cool”.
2026 no es el año del lujo silencioso ni del bienestar aspiracional. Es el año de sobrevivir con estilo, de consumir con cabeza fría y emociones calientes. De entender que el dolor no destruye: amortigua. Y que en medio del golpe, México sigue encontrando la forma de avanzar, reírse y reinventarse.
Porque sí: duele.
Pero seguimos de pie.
El estudio de tendencias anual de Trendo, la agencia de consultoría liderada por el reconocido experto Gustavo Prado, se ha consolidado como la «biblia» del consumo y la cultura visual en México, ofreciendo un análisis profundo que conecta el comportamiento social con las oportunidades de negocio. A diferencia de los reportes globales, el trabajo de Prado destaca por su enfoque hiper-local, desmenuzando la identidad mexicana para predecir con precisión qué colores, estéticas y hábitos dominarán el mercado nacional en el próximo año.
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