Desde phishing hasta pagos falsos, los fraudes digitales evolucionan y apuntan al comportamiento del usuario más que a la tecnología

Por Rodrigo Pujol Del Toro
Usar Apple Pay se ha convertido en parte del día a día de millones de personas: pagar el café, comprar en línea o dividir gastos toma segundos. Pero justo ahí, en esa comodidad y velocidad, es donde los estafadores están encontrando nuevas oportunidades. Aunque el ecosistema de Apple presume altos estándares de seguridad —como Face ID, tokenización y autenticación avanzada—, el verdadero punto débil sigue siendo el mismo: el factor humano.
Expertos en ciberseguridad advierten que las estafas dirigidas a usuarios de billeteras digitales no buscan vulnerar el sistema, sino manipular a las personas. “La plataforma es segura, pero su reputación puede ser usada como anzuelo para engañar al usuario”, explica Mario Micucci, investigador de seguridad informática, al señalar que los ataques suelen enfocarse en robar dinero, credenciales o códigos de verificación.
Entre los fraudes más frecuentes destacan los mensajes de phishing, donde supuestos avisos de Apple prometen reembolsos, premios o alertan sobre bloqueos de cuenta. El objetivo es llevar al usuario a sitios falsos que solicitan datos bancarios o códigos 2FA, los cuales nunca son pedidos por Apple ni por los bancos. Basta con “permanecer unos segundos de más” en el enlace equivocado para que el engaño se active.
Otro método recurrente ocurre en marketplaces digitales. Ahí, compradores falsos utilizan tarjetas robadas vinculadas a Apple Pay para adquirir artículos de alto valor. Cuando el cargo es reclamado por el dueño legítimo de la tarjeta, quien vende termina perdiendo tanto el producto como el dinero. Variantes de este esquema incluyen el pago en exceso o el pago no solicitado, donde el estafador pide devoluciones a través de Apple Cash, tarjetas regalo u otras apps, dejando a la víctima con el saldo negativo.
También circulan los recibos falsos: capturas de pantalla que simulan un pago “en custodia”, una función que en realidad no existe en Apple Pay. Y en espacios físicos, como aeropuertos o cafeterías, proliferan las redes Wi-Fi “gemelas” que imitan conexiones públicas para redirigir al usuario a portales falsos y robar su ID de Apple.
Las señales de alerta suelen repetirse: mensajes que generan urgencia, solicitudes de códigos de verificación, pedidos de reembolsos por vías alternas o solicitudes para enviar productos sin haber confirmado un pago real. “Reconocer estas banderas rojas es el primer paso para mantenerse a salvo”, señala Micucci, quien recomienda revisar periódicamente este tipo de fraudes porque evolucionan con rapidez.
Para reducir riesgos, los especialistas sugieren activar la protección contra dispositivos robados, habilitar notificaciones para cada movimiento de Apple Pay, usar tarjetas con posibilidad de contracargos al comprar en línea y evitar redes Wi-Fi públicas sin una VPN confiable. En caso de sospechar un fraude, el tiempo es clave: cambiar contraseñas, contactar al banco y reportar el incidente puede marcar la diferencia.
La promesa de los monederos digitales es hacer la vida más fácil, pero en un entorno donde todo ocurre en segundos, detenerse a pensar también es una forma de seguridad. Porque en 2026, proteger el dinero no depende solo de la tecnología, sino de qué tan conscientes somos al usarla.
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